¿Qué logramos en COP 20?
Para entendidos y no entendidos, COP 20 es el encuentro de más de 190 países para abordar temas y compromisos sobre problemas ambientales que aquejan a nuestra biósfera, el planeta Tierra. Las siglas significan Vigésima Conferencia de las Partes de la Convención Marco sobre el Cambio Climático (CMNUCC) que se celebró del 1 al 14 de diciembre en Lima, cuyos anfitriones fuimos nosotros encabezados por el Ministro del Ambiente Manuel Pulgar Vidal.
Fueron sendas exposiciones, conocimiento tras conocimiento, acuerdos y desacuerdos. Buenas intenciones para mejorar el cuidado de nuestros ecosistemas, y así mantener la vida contribuyendo al desarrollo sostenible y sustentable.
Debemos ser conscientes de lo que hemos creado desde que poblamos este tercer planeta, que es nuestro hogar. El confort al cual cada día aspiramos nos hace ser los causantes principales del deterioro de nuestra calidad de vida, donde los denominados científicos, empresarios, emprendedores… han consumido y seguirán consumiendo ingentes cantidades de energía, que lastimosamente no es renovable. Si invertíamos hace unos años atrás unos 60 mil millones de dólares, hoy podemos afirmar que invertimos cerca de 2 mil billones de dólares. Es tan acelerado este crecimiento económico que la liberación de energía para producir cientos y millones de artefactos, vehículos, alimentos procesados… ha sobrecalentado nuestro planeta. Cientos de miles de chimeneas espolvorean humos tóxicos en nuestra atmósfera, millones de vehículos alardean de su tecnología con suculentas bocanadas de Dióxido de Carbono. Hemos transformado nuestro planeta, sin pensar que lo estamos desintegrando a un ritmo sin precedentes. Nuestra cultura productiva nos arrastra a tener que necesitar dos planetas tierras para satisfacer nuestras necesidades y banalidades. Millones de toneladas en plástico, caucho, fierros oxidados y retorcidos, al igual que pilas alcalinas, de botón, baterías de celulares y laptops, y las denominadas bolsas de plástico, son arrojados a los ríos para luego ser arrastrados y depositados en nuestros mares. Sustancias corrosivas, cloradas, y una infinidad de detergentes diluidos, así como los relaves mineros se aprestan a envenenar nuestras aguas. Todo se está contaminando, desapareciendo y derritiendo: ríos, lagunas, glaciales, nevados. El calentamiento global debe ser nuestra máxima preocupación.
Frente a esta realidad; qué logramos en COP 20:
- Ser los mejores anfitriones y estar a la altura del certamen internacional, donde pregonamos más nuestras bondades culinarias.
- Apostar más por el turismo consumista, que la conservación o uso racional de nuestra riqueza ictiológica.
- Hacer alardede nuestro interés por ser los abanderados en materia ambiental, cuando ni siquiera las instituciones en materia ambiental y educativa cumplieron el rol protagónico necesario, salvo aquellas que buscaron ser publicitadas en buenas prácticas ambientales.
- Agitar pancartas o corear voces, pero detrás de nosotros sólo dejamos montones de basura más.
- Cometer un grave error, que hubiera sido un gran acierto de decir al mundo que estamos tan mal, pero hicimos que foráneos mal orientados por nosotros, ya que así estamos acostumbrados, caminen una vez más sobre nuestro patrimonio arqueológico (Líneas de Nazca).
- Escandalizarnos por lo anteriormente señalado, sin darnos cuenta que dejamos transitar el Dakar, la misma expansión de la carretera Panamericana, y la ampliación de la frontera agrícola con la consecuente invasión de tierras. Nos sentimos muy dolidos, a pesar de que defecamos sobre aquello que decimos que cuidamos.
- Vivir del videíto para educar y cambiar las malas prácticas ambientales, pero de qué nos vale todo ello, si en la práctica no sancionamos, ni al rico ni al pobre.
- Hablar y hablar de economía como si con ello vamos a garantizar el agua y cientos de recursos en flora y fauna aprovechables.
- Ser insensibles al ocultar nuestras malas intenciones con nuestra flora y fauna endémica, que por salir en la foto somos capaces de decir que nada ha cambiado, y hoy más que nunca pregonar que seguimos siendo un país MEGADIVERSO.
- Hacernos de la vista gorda que nuestro parque automotor no está longevo, y seguimos lanzando smog.
- Literaturizar nuestro rol como homo sapiens defensores de nuestro medio ambiente.
- No responsabilizarnos una vez más de nuestras creaciones para mejorar una alicaída naturaleza.
- Aplaudir los EIAs sin pensar que muchos son simples estudios que representan un saludo a la bandera, aduciendo que el daño será resarcido.
Somos una cultura de incipientes e ignorantes del verdadero sentido de la vida. Nuestra COP 20 fue una más y mal publicitada reunión, cuyos compromisos esperemos que se consoliden en Francia 2016.

