Apuntes sobre David Sánchez Infante

 

Presentamos un bosquejo de la vida de David Sánchez Infante, con motivo del 63 aniversario de la Escuela de Educación Superior Pedagógica Pública que lleva su nombre.

David Sánchez Infante nació el 27 de noviembre de 1896, en el distrito de Sorochuco, provincia de Celendín, departamento de Cajamarca, bajo el amparo del signo sagitario.

David Sánchez Infante no solo fue poeta, periodista, sociólogo, bachiller en abogacía y maestro por excelencia. David Sánchez Infante jamás llegó a los umbrales de una Escuela Normal en demanda de conocimientos y tecnología de enseñanza-aprendizaje, el mismo los adquirió y los puso en práctica, pleno de vocación y convicción, superando seguramente a muchos de los actuales directores y profesores que hoy fungen de formadores de nuevos profesionales en la educación.

Para este insigne maestro no fue necesario tener un título, un diploma, un documento que lo respalde, puesto que sus acciones hablan por él. Allí están los diversos trabajos de su labor magisterial en general, donde expresa variados mensajes de luminosidad, orientación, sapiencia y un amplio conocimiento de la vida, la ciencia y el desarrollo humano.

Entre algunas de las frases más hermosas que nos ha dejado están: “Solo la acción salvará al maestro”, “Por encima de los poderes constituidos: la verdad”, “Maestro: vuestra valía no depende de vuestro título, ni del lugar que ocupáis, ni de la familia a que pertenecéis, ni del caudal de conocimientos que hayáis almacenado; depende de la bondad de vuestra obra, de la honradez de vuestro trabajo, de la constancia de vuestros esfuerzos, del grado de sacrificio diario que hagáis de vosotros mismos, en favor de la felicidad humana”.

A principios de 1941, durante sus vacaciones, regresa a Celendín para disfrutar de un merecido descanso. El colegio de este lugar estaba sin director. Sus paisanos lo emplazan, en razón de ser hijo de dicha provincia para que se haga cargo del colegio. Presionado y consciente de una nueva responsabilidad asume la dirección del colegio secundario. En Celendín permaneció dos años (1941 y 1942). Su labor pedagógica es titánica y grandiosa.

Una dolencia cardiaca, que venía padeciendo desde hacía cuatro años, lo lleva al infinito un 29 de diciembre de 1942.

Muere en la plenitud de su vida, a los 46 años de edad, en plena madurez, en su cenit de luz.

Sin lugar a dudas el alma de David Sánchez Infante hoy reposa en un secreto destino, reservado sólo para aquellos seres superiores, donde confiado mantiene viva la esperanza que sus discípulos vienen siguiendo su ejemplo; o se alimenta optimistamente de su fe en quienes, hoy se cobijan bajo el manto protector de su espiritualidad para ser dignos de considerarse sus legítimos herederos.

Según expresión de Teófilo M. Vera fue “un alma noble y blanca”. Su conducta no permitió la insinuación de ninguna sombra de sospecha que manchara su imagen. Fue un hombre modelo, de quien hay que imitar muchas actitudes y formas de comportamiento.

San Pedro de Lloc en honor a este ilustre formador de conciencias hace 63 años dio por nombre a la Escuela Normal Mixta, ayer Instituto Superior Pedagógico Estatal, hoy Escuela de Educación Superior Pedagógica Pública “David Sánchez Infante” con el propósito de perennizar su nombre, honrar su imagen y destacar su trayectoria de hombre útil a la sociedad.

Después de ciento veintinueve (129) años de nacido este ilustre maestro y 83 años después de su muerte, amerita una profunda reflexión de quienes tenemos la responsabilidad de dignificar su nombre, seguir su ejemplo y engrandecer su gloria; para ello estimo que se hace necesario contrastar nuestras actitudes, acciones, comportamientos y conductas, a la luz de las buenas costumbres, la moral, la ética y los principios doctrinarios y filosóficos  que todo buen educador  debe practicar, en todas las facetas de su vida.

Quienes hoy se forman en las aulas sánchezinfantinas deben ser no sólo los seguidores más genuinos, sino los más afanosos cultores y celosos custodios de la riqueza espiritual de su ilustre mentor. Es un reto que hay que asumir, para que la sociedad actual no nos señale, ni margine y la historia no nos condene.

 

Voz de

Prof. Jacobo P. Marroquín Farro