Las elecciones y los forajidos
“¡A ver niños, su atención por favor! … Quiero informarles que para el próximo mes de octubre se ha convocado a elecciones para elegir a los nuevos integrantes del Municipio Escolar de nuestro Centro Educativo, así es que quienes deseen participar en este proceso electoral por favor pueden conformar sus listas de candidatos, pueden ser del mismo salón o integrar representantes de los demás salones. Tendrán que tener un personero que será el encargado de inscribir la lista y de representarlos ante el Comité Electoral que será elegido la próxima semana, una vez que se haya culminado con el registro de todos los alumnos en el padrón electoral. Además, van a contar también con un profesor asesor para que los oriente”.
Este fue el mensaje que recibieron los alumnos en la formación general en el patio del Centro Educativo y que fue convocada con esa finalidad.
Pasado ya el bullicio por el cotorreo producto de la noticia, los alumnos ingresaron a sus salones y entre ellos comenzaron a intentar sugerir nombres de sus compañeritos que podrían liderar o integrar alguna lista. Algunos que ya tenían experiencia de elecciones anteriores, concurrieron a su profesor asesor para pedirle información acerca de los cargos que debían considerar en la lista, y los requisitos a cumplir.
El dato llegó hasta los padres de familia quienes, a pesar de la advertencia de los docentes, de que dejen a los alumnos tomar sus propias decisiones, se entrometieron en todo el proceso, con la finalidad de tener el orgullo de que sus hijos lleguen a ser autoridades del Municipio Escolar, sobre todo el ansiado cargo de alcalde escolar.
En pocos días ya había varias listas conformadas íntegramente, y hasta tenían sus equipos de campaña. Gracias a la magia del internet habían conseguido información que les permitió adecuar y estructurar sus planes de gobierno, y sus ofrecimientos.
En casi diez días ya había siete listas conformadas e inscritas que estaban siendo evaluadas por el comité electoral, que ya estaba en funciones, conformado con alumnos preparados del último año de estudios. Uno de estos candidatos, Carlos, cuya Lista “Progreso Escolar” estaba ya por dos períodos al mando del Concejo Municipal Escolar, pretendía a toda costa continuar detentando el mando. Ya con una marcada experiencia, pero ahora desdibujando total y cruelmente el sentido democrático, comenzó a llegar al centro educativo con bolsitas con caramelos, con paquetitos de galletas, y hasta pequeñas calcomanías que los comenzó a repartir a los alumnos, con la adicional recomendación de que votaran por él.
Los otros candidatos hacían su campaña interna con sus amigos de otros salones y, pidiendo permiso a los profesores, para ingresar a las aulas, trataban de exponer sus planes de gobierno. Comenzaron a tener mucha aceptación, y esto desesperó a Carlos el candidato “regalón” de “Progreso Escolar” que ordenó a su personero a tratar de buscarles algo que los pueda sacar de la competencia electoral. “Táchenlos” como sea les indicaba. Mientras tanto él continuaba con su campaña de regalos de dulces, pero a la vez comenzó a maquinar la forma de traerse abajo, y “comprar” a alguno de los candidatos que tenían aceptación del alumnado. Encontró a uno de ellos en el patio, al candidato Alejandro y le propuso una conversación conduciéndolo al kiosko escolar. Allí le invitó un plato de pollo con lentejas y comenzó con su tarea de “comprarlo” para que desista de ser candidato, ofreciéndole que las impresiones que tengan que hacer del Municipio Escolar las harían en su fotocopiadora, y que todo el material de señalización del centro escolar lo compraría el municipio escolar en su librería, su negocio familiar, dándole un porcentaje adicional.
Ante el estupor de los integrantes de su lista, y con un escándalo mayúsculo en el Centro Educativo, Alejandro aceptó y anunció que se retiraba del proceso, pero no tuvo en cuenta que no todos “sumaron”, hubo alumnos que se revelaron por dignidad y decidieron continuar. Por otro lado, los demás alumnos candidatos contemplaban desconcertados cómo eran acosados para que desistan de su lucha, veían cómo hasta llegaron a integrar a la señora encargada de los alimentos del kiosko para que no les vendiera nada a ellos, ni a los de su lista, incluso a quienes eran sus simpatizantes. El ambiente estaba muy caldeado porque ya el excandidato Alejandro andaba con Carlos, cabeza de la otra lista, los alumnos permanecían asustados, ya nadie quería mostrar su simpatía por algún candidato. Los infantiles y simples escritos presentados por Carlos y su lista “Progreso Escolar”, eran desechados por un férreo Comité Electoral. Pero ellos pareciera que estaban enfermos de poder. Ya parecía una mafia.
¿Cómo podía ser esto posible con alumnos de un Centro Educativo? Por eso los demás candidatos no soportaron más y hablaron con el profesor asesor del proceso electoral y le comentaron todo lo que estaba sucediendo. Éste concurrió a indagar al Comité Electoral, y conjuntamente fueron a informarle detalladamente al director del Plantel de lo que estaba aconteciendo por ser de suma gravedad. El director citó al alumno candidato Alejandro para recoger su versión sobre su voceada “compra” por parte de la Lista “Progreso Escolar”, pero él alegó que no era cierto, y que se había retirado del proceso porque su familia era evangélica y su pastor le prohibía esas cosas de elecciones.
Ante esto, el director citó a todos los candidatos con los integrantes de sus Listas, a sus personeros, profesores asesores, incluyendo esta vez a los padres de familia. Les expuso el grave problema que estaba pasando y que iba a tomar acciones drásticas. El papá del candidato Carlos de “Progreso Escolar” tomó la palabra y con voz enérgica increpó a su hijo: ¿Qué está pasando contigo Carlos, acaso no te enseñamos valores en nuestra casa? ¿De dónde has aprendido estas cochinadas?, ¿quién te está ayudando o enseñando a hacer cosas de delincuentes?
Carlos, cabeza gacha, respondió que todo lo había aprendido viendo videos y las informaciones en las redes sociales de la campaña electoral que desarrollan los mayores. “Me pareció que se podía hacer, lo apliqué, y bueno, lo hice -remarcó.
El avergonzado padre de Carlos pidió disculpas. La mamá de Alejandro, sollozando, pidió perdón. El director por su parte les informó de las sanciones que les impondrían. Pero lo más saltante fue ver cómo el alumnado entendió que su conciencia no podía ser comprada, que tenían que ser dignos, y su voluntad respetada. Al final Carlos y su lista “Progreso Escolar” fue derrotada catastróficamente, y con él, los forajidos con sus malas prácticas y las ansias malévolas de poder.
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