Gratitud

A Leticia y Dorita Chamochumbi

Leticia

Corría el año de 1954, la situación económica en nuestro hogar era muy difícil. Papá se había quedado sin trabajo estable  y para poder sostener su hogar, se dedicó a "empastar libretas" que eran los documentos de identidad de aquel entonces, debiendo para ello recorrer todos los distritos y caseríos de nuestra provincia, para ofrecer su trabajo y transformar una Libreta Electoral o Militar maltratada y deteriorada en un documento muy bien presentado casi nuevo y bien reforzado, que después de una semana retornaba, muy contento , a entregar su trabajo a los propietarios y llevar nuevas "libretas" a efectuar el mismo trabajo. 

Por su parte, mi madre, deponiendo toda clase de orgullo y vanidad muy propio de una dama de esa época, se dedicó a preparar "pastitas", "alfañiques" y "chancaquitas" que nosotros sus hijos vendíamos diariamente en vacaciones; y en la época de estudios, ella salía a vender en la puerta del Colegio Raimondi sentadita en un banquito con mucha humildad pero con gran valentía y entereza porque sabía que era para alimentar a sus hijos. 

Una tarde al acercarnos al Banco Popular a ofrecer nuestros dulces, una señorita, se acercó al mostrador donde laboraba y con una voz muy dulce, que hasta hoy recordamos le dijo a, Augusto, mi hermano mayor: 

- ¿En qué año estás hijito?

- En quinto año, contestó mi hermano.

- Muy bien. El próximo año vas a secundaria. Para que puedas estudiar sin problema alguno, yo te voy a pagar tus estudios.

Muy alegres fuimos a casa y contamos a nuestros padres el diálogo que habíamos tenido con esa distinguida dama, y con ellos fuimos a enseñar quién nos había tratado tan bien aquella tarde, se trataba de la Srta. Leticia Chamochumbi, a quien mis padres agradecieron encarecidamente este gesto tan especial, muy propio de corazones nobles y generosos. 

Al iniciar el año escolar, la Srta. Leticia se acercó a nuestra casa y llamó a mi hermano, para hacerle entrega de dos juegos completos de uniforme beige, que utilizaban en el colegio "José Andrés Rázuri", cuadernos, libros, colores, lapiceros y cinco abonos que eran unas cartulinas que se utilizaban para poder viajar diariamente en la Empresa "Velásquez" y eran picados cada vez que viajábamos. Este gesto se repetía cada mes, pues nos llamaban para ver qué otra necesidad teníamos en el Colegio y darnos nuestros abonos para poder viajar.

En el año 1956, yo estaba recorriendo las calles con la venta de mis dulces como era nuestra costumbre y al ingresar al Banco de Crédito, me llamó otra señorita. Me dijo que se llamaba Dora Chamochumbi, y me preguntó:  

- ¿En qué año estás hijito? 

- En quinto año contesté.

- Muy bien. El próximo año vas a secundaria. Para que puedas estudiar sin problema, yo te voy a pagar tus estudios. 

E hizo lo mismo que realizó su generosa hermana. Nosotros todos los bimestres les llevábamos nuestras libretas de notas y les enseñábamos como habíamos salido y les daba gusto ver nuestros resultados porque sentían que su siembra no era inútil. 

Ambos, ahora, profesionales queremos, aunque ellas nunca lo permitieron, decirle públicamente, y que lo oigan todos: Gracias señoritas Leticia y Dorita porque nos extendieron su mano franca y generosa en los momentos que más lo necesitábamos. Créannos que las llevamos en el corazón por siempre y le pedimos al Hacedor que derrame muchas bendiciones sobre Ustedes acá en la tierra, les dé una dulce ancianidad y que allá en el Cielo les reserve un lugar especial en premio a la grandeza de vuestros corazones. Nosotros seguiremos llamándolas cariñosamente MADRINA, porque este vocablo es sinónimo de MADRE.

Con Amor y Gratitud,


Voz de

César Augusto García Rodríguez y Augusto García Rodríguez