Apuntes de la Virgen Nuestra Señora de Guadalupe La Chapetona
Con motivo de la romería y festividad a la Virgen, el pueblo de Guadalupe, Perú, se alista a concelebrar una tradición que se inició en 1564, año que los frailes Ermitaños de San Agustín comenzaron la construcción de su monasterio y templo, en las faldas Oeste del cerro Namul para venerar a María. Era la imagen traída de Extremadura, en gratitud, el año 1560, por el encomendero don Francisco Pérez de Lezcano, quien durante los primeros cuatro años la colocó en el altar de su venta “Tambo Real Pacasmayo”, en el algarrobal de Omnep (El Alto, actual pueblo de Santa Rosa, Pueblo Nuevo), y la entregó a los ermitaños agustinos para su conservación, asegurándoles renta suficiente para mantenerse.
El virrey Francisco de Toledo (1571) en visita de tránsito de España a Lima, cumpliendo la promesa que le hiciera a la Virgen, por salvarlo en una tempestad en el mar de Panamá, entregó 3000 pesos de plata para concluir la edificación del santuario.
La intensa actividad pastoral de los frailes y la construcción de casonas solariegas, producto de las actividades agrícolas, marinas y de comercio, se vio truncada el 14 de febrero de 1619 a las 11 de la mañana, por un terremoto que devastó los pueblos del norte. El sismo afectó directamente al convento y al templo de adobes que administraban los agustinos. La población, llevando a la Virgen, se trasladó al lugar actual, a orillas de una acequia llamada FUL, 15 años después se bendice la pila bautismal de bronce (1634) y se consagra oficialmente el nuevo santuario en 1643.
La romería a la Virgen era la más grande en América por aquellos siglos XVI y XVII. Antonio de la Calancha, Prior del monasterio, en 1640, refiere que asistían diez mil peregrinos, cuando el norte estaba casi despoblado y en el Perú, de entonces, no llegaba a cien mil criollos y mestizos. Tal concentración de peregrinos motivó las ferias de transacción y comercio. Se dice que venían a comerciar productos de Manila y Filipinas, del Alto Perú y Chile.
La “Perulera” que así la llamaban los españoles, “la Chapetona” para los mestizos o la “Virgen de la iglesia de Guadalupe” para los peregrinos, es una imagen muy valiosa para la Fe y Religiosidad, el Arte e Historia
- Fe y religiosidad. Conserva y atestigua el paso de 25 generaciones que durante 464 años se acercaron a ella para orar y mitigar sus penas y dolores. Familias criadas con su historia, milagros y tradiciones. Se dice que el guadalupano lleva en su ADN la Fe y Tradición Mariana.
- Arte. Talla en cedro de 0,70 m de alto. De belleza singular y original espiritualidad de una imagen en América del arte renacentista románico español, de influencia flamenca. Es una figura de cuerpo entero, delgado y realista, de gran elegancia y sobriedad que interpreta el gusto sevillano, obsérvese la pierna derecha ligeramente flexionada, que es paso básico del flamenco, y la frente amplia.
- Historia. Tallada en 1558 en la Escuela Sevillana. Primera imagen en bulto en América. Tiene el primer templo y monasterio concluido en América, de calicanto al estilo arquitectónico gótico isabelino.
Con título de PATRONA DE LA REAL ARMADA VIRREYNAL y VIRREYNA PERPETUA DEL PERÚ, otorgado por el rey de España Felipe II por intercesión de Francisco Álvarez de Toledo (Virrey Toledo) quinto virrey del Perú (1571).
Coronada Canónicamente el 24 de octubre de 1954 por su santidad Papa Pío XII, como la Santa Patrona de los Pueblos del Norte y Excelsa Reina del Perú, 19 años antes que lo hiciera Juan XXIII con la Coronación Canónica de la mundialmente famosa Santísima Virgen de la Esperanza Macarena, Sevilla.
En contraste, su romería que lleva 464 años y es la más antigua en toda América, por la que tiene categoría de “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación” (RVM.N°127-2014-VMPCIC/MC) es objeto de groseras deformaciones, que ha motivado una revisión en salvaguarda conforme la Directiva del Ministerio de Cultura N°003-2015/M, que precisa que estas expresiones amenazan la viabilidad y autenticidad de la manifestación cultural.

