Mis sueños (pesadillas) sobre unas "consultorías"

"Recuerda: El mal de estos tiempos es el famoso estrés, sino lo tratas a tiempo al final tendrás que someterte a una larga y costosa consultoría”. Estas fueron las concluyentes palabras de un galeno al que había acudido preocupado por la calidad de mis sueños, que se habían convertido en pesadillas.

Resulta, que desde hace un buen tiempo estos sueños se habían tornado demasiado delirantes, como fantasiosos, preocupado porque alteraban mi estado de ánimo y porque me veía reiteradamente presenciando actos aberrantes de corrupción, había acudido al galeno. Le conté mis visiones. Veía como solo algunos muy pocos portavoces se lanzaban al océano de la apatía para nadar contra la corriente y poder desnudar a unas falsas figuras políticas, y apocalípticas, que se habían disfrazado de ángeles salvadores. Había que hacer ver a los complacientes e indiferentes espectadores, que esos falsos políticos no son más que demonios al acecho de la ingenuidad democrática popular, y que solo responden al santo y seña de la corrupta billetera gruesa y mal habida, en “honor” al “poder” que dicen con engaños electoreros el pueblo le otorgó.

Equivocaron el destino de los beneficiarios, y al final veía en mi sueño cómo los encargados de administrar esa gran “Hacienda Municipal” despilfarraban y “desaparecían” el millonario dinero.

Recuerdo en mis sueños una gran “Hacienda Municipal”, muy próspera en sus ingresos, con dineros que recaudaba por sus servicios, y que recibía de los aportes de todos nosotros. Los dineros se le entregaban para que los invierta en mejoras para beneficio de los pobladores. Pero aquí viene el primer gran detalle. Equivocaron el destino de los beneficiarios, y al final veía en mi sueño cómo los encargados de administrar esa gran “Hacienda Municipal” despilfarraban y “desaparecían” el millonario dinero. Y sorpresivamente aparecían con propiedades de material noble, hasta de varios pisos; adquirían vehículos como comprar un calzoncillo, a pesar del pequeño sueldo qu tienen asignado y con el cual no se comprarían ni una buena bicicleta. Ellos tenían su "negocio"; negociaban con las tierras lotizadas del predio municipal al mejor postor. Imagínense que hasta al mar lo vendían; hacían “obras” que ningún problema solucionaban para la comunidad, ni los vecinos. Pero eso sí, los grandes “constructores” e intermediarios, y otros más que fungían de administradores del desarrollo municipal, ganaban; ellos sí se beneficiaban. No importa que la obra sea de mala calidad, que después no funcione o se caiga a pedazos, que no cumpla con los requisitos solicitados tendenciosamente, o que simplemente no se entregue la obra al desmemoriado pueblo al cual se le dice que ya se gastó y punto, porque al final todo estaba direccionado y sobre todo bien aceitado. Y todo con visos de supuesta “legalidad”.

Más aun. Lo que atormentaban mis sueños era ver la gran cantidad de facturas, boletas, recibos por honorarios y otros informes y requerimientos que poblaban el predio Municipal y cómo esos simples papeles, cual magos, desaparecían el dinero. ¿Cuántos de esos documentos eran verdaderos, y si era esa la cantidad y calidad solicitada? No lo recuerdo, porque si lo intento de repente llego a la depresión.

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Cómo se gasta el dinero público puede ser una pesadilla para los gobernados

Fuente: UNDiario/Ultimas Noticias Diario

A eso hay que agregarle los pagos por papeleo, cuadros estadísticos y demás informes que la “Hacienda Municipal” debía elaborar y entregar al contador nacional para informar cómo han gastado el dinero. Allí es donde me confundía con el informe médico, porque él me habló de una consultoría y esa palabra la escuchaba en mis sueños a cada rato por parte de los administradores municipales. Para todo trabajo se hablaba de contratar una consultoría, para elaborar expedientes, para modificar TUPA, para registrar bienes de la “Hacienda Municipal”, para implementar programas, y hasta para elaborar los cuadros financieros pedían contratar una consultoría y por allí se “tiraban” el dinero.

Pero, ¿Qué era una consultoría? Bueno, yo soñaba que un responsable de contabilizar toda la documentación municipal elaboraba estos cuadritos por lo que le pagaban su sueldo, pero pillamente éste solicitaba contratar a otra persona para que supuestamente haga ese trabajo, que ya hecho, y que presente uno de esos papelitos de recibos; y entre los dos se embolsaban no menos de S/. 7,500.00. Cómo crecía su negocio, cómo abundaba el dinero en sus arcas, qué felices eran. Casi a punto de despertar de mi sueño, una imagen más apareció: el máximo jerarca de la “Hacienda Municipal” lo sabía y daba el visto bueno a todo; y así todo quedaba oleado y sacramentado.

¿No les daría repugnancia y les estresaría a ustedes estos sueños? Por eso retorné al galeno para preguntarle sobre lo que me había dicho de una larga y costosa consultoría, y para sorpresa mía me aclaró que se refería a un largo tratamiento médico en su consultorio, que al final era pues costoso.

Voz de

Julio César García Calderón