Editoriales  |  

Muelle: No es Hora de Lamentaciones

Era –como el título de una de las novelas del inmortal Gabriel García Márquez – la crónica de una muerte anunciada. Aunque en este caso, lo apropiado es decir que era la crónica de una mutilación anunciada. La pérdida de un nuevo tramo de nuestro histórico centenario muelle estaba prevista. Se había advertido desde hace muchísimo tiempo. La parte afectada por el último oleaje anómalo del irónico uno de mayo, no daba para más pese al invalorable y desinteresado afán de un pacasmayino de corazón que, anónimamente, financió la compra de materiales para su reforzamiento. Era una muestra simbólica con un oculto mensaje; una muestra de profundo amor de un vecino que, lamentablemente, estaba arando en forma solitaria en el mar porque su ejemplo jamás fue tomado en cuenta por las instancias respectivas. Su gesto de desprendimiento y de civismo contenía un mensaje para los gobiernos Regional y Nacional: que se ocupasen de nuestro muelle. No encontró eco.

Hoy es tarde para recriminaciones y lamentos. Tenemos que aprender a reconocer nuestras culpas y responsabilidades. Gran parte de culpa la tenemos todos porque somos indiferentes a las convocatorias de la autoridad o a la iniciativa de alguna institución. Dejamos que la autoridad actúe a su libre albedrío bajo el equivocado criterio de que nuestra responsabilidad termina el día de las elecciones; y, en los siguientes, lo único por hacer es criticar en esquinas, en las plazas o en las casas. Jamás se encara de frente. Eso facilita para que esa autoridad crea que está actuando bien y actúe como lo hace, a espaldas de los problemas que el Pueblo considera prioritarios.

Aún nos queda muelle por salvar. Rectifiquemos nuestras conductas. ¿Qué podemos hacer como ciudadanos para intentar salvar la parte sobreviviente de esa infraestructura histórica? Es cierto que no está en responsabilidad de ningún vecino ir al Presidente de la República o a los ministros competentes a reclamarles. Pero sí estamos en capacidad de organizarnos para hacer escuchar nuestras voces, o estar detrás de nuestras autoridades para recordarles las tareas pendientes y exigirles las realicen. Y, cuando algún funcionario de alto nivel llegue, hay que acudir a las reuniones para apuntalar el pedido que hagan nuestras autoridades. Hay que hacer sentir presencia popular y recordarles lo que los que gobernantes, siendo candidatos, ofrecieron para salvar nuestro muelle. No olvidamos que todos, absolutamente todos tomaron al centenario muelle como caballito de batalla en sus campañas electorales.

No todo está perdido. Hay todavía buena parte del muelle por conservar. Hay que trabajar para rescatar lo que queda. Como dijimos en editorial anterior, no por una cuestión chauvinista sino porque el muelle tiene un enorme valor histórico. Tenemos que hacer lo imposible para que se asignen partidas a fin de preservar la parte sobreviviente de esta reliquia histórica, y destinarla al servicio turístico y para que siga sirviendo a nuestros pescadores. Debemos aprender de otros países en los cuales se sabe aprovechar todo lo que representa su historia, y sirve no solo para afianzar la identidad local, regional o nacional sino para generar desarrollo. Nos falta adentrarnos en esa visión, así como nos falta alcanzar el sentimiento de unidad local y provincial, tal como ocurre en otras latitudes donde no se sufren estas consecuencias producto del desinterés, no solo de los gobernantes sino también de los gobernados. Cada uno asumamos nuestra culpa y modifiquemos nuestras conductas.

Sobre el autor

Contacto UNDiario

Somos un equipo de periodistas trabajando de la mano de nuestros aliados, los ciudadanos.

Escríbenos a [email protected]