Semana Santa Convertida en Semana Tranca

Citando al poeta Jorge Manrique en Coplas por la muerte de su padre, cualquier tiempo pasado fue mejor. Habrá quienes dirán que no. Sin embargo, tenemos ejemplos. Son muchisísimos, como diría el difunto Chespirito. Por hoy nos referiremos a la Semana Santa; a decir de nuestros padres y de nuestros abuelos, la conmemoración era tal, una verdadera Semana Santa caracterizada por la meditación. Hace ya buen montón de años, la han convertido en una celebración plagada de paganismo, de juergas y desenfrenos al aire libre. Se vive ahora la versión de la Semana Tranca, como algún ingenioso la bautizó.


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Ilustración por Jun Luo para UNDiario

Los pacasmayinos la verificarán en particular — sin ser la excepción porque por todas partes veremos casi lo mismo — con las diferencias naturales de acuerdo al escenario donde nos encontremos. Nuestras playas — Pacasmayo y Puémape, incluidas — se convertirán en campamentos chupísticos en aras del derecho a disfrutar de un feriado largo. Veremos grupos pequeños, o enormes, de patas del alma o "patas de jueves" bebiendo en forma desenfrenada como si el mundo se fuese a acabar. Unos instalarán sus carpas, y las playas se convertirán en eventuales hoteles al aire libre. Habrá quienes no solo recurrirán al alcohol para adormecerse sino que irán más allá, recurrirán a alucinógenos y drogas mayores. Es su decisión y su elección en el ejercicio de su libertad. Pero el problema surge cuando estos jóvenes que "solo buscan diversión", borrachos, o drogados, afectan los derechos de los demás y ponen en riesgo la salud, seguridad y vida de los otros.

Los que son amantes de la Semana Tranca vivirán su propia experiencia dejando a las playas de la ciudad — en particular la que está frente al Malecón Grau, — convertidas en un basural. Todo eso en nombre del dizque "turismo religioso". Etiquetas inventadas para promocionar negocios y exprimir los bolsillos de una sociedad empujada, a fuerza de propaganda, a ser consumista, marcada por la fiebre para comprar de todo imitando lo que hace el vecino.

Pobre gente. Se endeuda hasta la coronilla. Algunos, sin tener posibilidades reales de cómo pagar la tarjeta de crédito, gastarán por unas horas y después estarán angustiados por mucho tiempo para pagarla. Así estamos.

El problema surge cuando se afectan los derechos de los demás.

Las autoridades se ven entre la espada y la pared. ¿Qué hacer, cómo obrar?, ¿cómo hacer cumplir la ordenanza que prohíbe chupar en la playa?, ¿se arma operativos? Si lo hacen, los negociantes de las chelas, el trago corto — y los ketes — dirán que están contra el desarrollo porque se corre a los "turistas" que son vistos como las gallinas de los huevos de oro, a las que debemos tratar con halagos porque supuestamente traen platita.

Los defensores de la Semana Tranca dirán que nos dejemos de cucufaterías, que nos preocupemos de otras cosas; que la vida se ha hecho para gozarla; que embriagarse en la vía pública, o hacer el amor en la misma playa, no es nada malo, que el mundo es así, que los tiempos han cambiado, y debe promocionarse el turismo. Insistiremos. Aunque seamos voz solitaria. Si les importa poco su vida, respeten la ajena: no expongan la de los demás. Y sí, algunos todavía creemos que a los hombres nos hace falta una fuerte dosis de espiritualidad para reencontrarnos en el camino correcto, nos quedamos con la Semana Santa y marcamos distancia de la Semana Tranca.

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