Carta de un Exrazurino en Defensa de Local Derruido

Ciudadano se dirige al ministro de Educación y nos hace llegar copia y su opinión

Escaneado de la carta recibida.

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Señores

Diario Últimas Noticias

Pacasmayo.

Después se varios años me dirijo a Ud. con la seguridad que en las páginas de su prestigioso medio de comunicación pueda expresar mi opinión respecto a un acto, llevado a cabo hace algunas semanas, en San Pedro de Lloc. Me refiero a la demolición del viejo local del Colegio de Educación Secundaria primitivamente llamado Pacasmayo.

Es posible que los promotores de esa acción hayan tenido o tengan muy buenas intenciones como tantas que están en el infierno. El edificio, construido en la década de los 30 y comienzos de los 40 del siglo pasado, perteneció a los pueblos de la entonces Provincia de Pacasmayo. Fueron sus habitantes los que con diversas actividades recolectaron los recursos económicos necesarios para ejecutar la obra. Esta como la fundación del Colegio de Educación Secundaria, denominado desde 1945, José Andrés Rázuri, marcaron hitos en el desarrollo de la región bañada por el río Jequetepeque.

Fueron frutos de un anhelo social canalizado por un selecto grupo de pobladores que, haciendo uso del mejor recurso de la democracia participativa: el Cabildo Abierto, decidieron luchar contra la ignorancia,

Fueron frutos de un anhelo social canalizado por un selecto grupo de pobladores que, haciendo uso del mejor recurso de la democracia participativa: el Cabildo Abierto, decidieron luchar contra la ignorancia, ampliar los reducidos linderos intelectuales de la Educación Primaria de los seres adolescentes en plena formación.

La creación del Colegio Pacasmayo debe considerarse como una hazaña de corte cultural cuyas metas se establecieron claramente y se alcanzaron exitosamente. No sólo se pensó en el elemento educando sino que se realizaron innumerables acciones para construir un local con todas las comodidades que la época y los medios permitieron. Los cimientos, los muros de adobe y los techos de los ambientes correspondían a los de la técnica ajena a la de los materiales nobles. Hoy pueden caerse por sí solos si no se les proporciona el debido mantenimiento, pero el preservarlos era una obligación de las autoridades que los recibieron en donación. Algunas promociones de exalumnos, y peruanos de buena voluntad, han entendido siempre que ese local debía conservarse como un homenaje a quienes llevaron a cabo las tareas de su construcción.

No tengo la menor idea de las razones que los demoledores pueden presentar para justificar el atentado contra una honrosa creación de la cultura educativa provincial. Destruir la obra de los gestores de una importante y vigorosa transformación cultural de la juventud equivale a la consumación de un atentado contra la cultura educativa que nunca se debe consentir. Los razurinos de todos los tiempos debemos realizar una gran campaña para restaurar nuestro templo del saber, aquel en el cual nos nutrimos con los conocimientos y las virtudes morales que nos han permitido abrirnos paso en un mundo que exige una sólida formación en nuestra juventud.

Adjunto copia de la carta que he dirigido al Sr. Ministro de Educación denunciando este hecho.

Atentamente,

Voz de

Rubén Muñoz Ribeyro