Con Andrés Rázuri, la patria cabalga en Junín
A continuación la charla que Eduardo González Viaña ofreció el domingo 23 de noviembre en el Club Pacasmayo de Lima.
En la batalla de Junín, un grupo de héroes a caballo armados tan sólo de lanzas salvó la libertad.
La batalla muda.
No se escuchó ni un sólo disparo en Junín porque, pese a que fue de una de las batallas más feroces de nuestra historia, se libró enteramente a punta de sables y bayonetas. Lo primero que brilló fue el resplandor de las lanzas de los llaneros venezolanos. Toda la batalla se desarrollará luego a caballo o cuerpo a cuerpo.
Habría de durar cerca de una hora. Sonido no hubo, y si lo hubo tan sólo lo escucharían quienes participaban en la batalla. Era el sonido ululante de la muerte. Era el sonido de los cuerpos de los jinetes que caían al ser atravesados por una lanza y luego el intento del vencedor que trataba de retirar la punta clavada entre las costillas del vencido. Se peleaba a muerte. Ninguno de los dos lados daba la señal de querer retroceder. Sin embargo, en un momento determinado las tropas de la libertad estaban seriamente quebrantadas. No se veía atisbo de victoria. Tal vez era necesario salvar lo que quedaba y el Libertador asume la prudente decisión de ordenar el retiro.
“Diga usted al comandante Isidoro Suárez que salve a ese escuadrón como pueda.”.- Es la orden que debe transmitir José Andrés Rázuri. ¿Lo hará?
Pensemos en los siete kilómetros de la cabalgata de Razuri para transmitir la orden de la retirada. En ese recorrido encontrará el valiente su propio camino de Damasco. A 4000 metros de altura se siente el jinete en camino del cielo, pero allí tan solo a unos metros después de haber dejado a su jefe viene la pregunta.
¿Debe ser él, el vocero de la derrota, el heraldo de la retirada?
¿Es verdad que ya no hay esperanza?
¿Y si la hay? ¿Y si no la hay? ¿Qué decisión debe él tomar? Ha pasado un kilómetro y otro, y ya se vislumbra la caballería de Suárez, ¿qué pasaría si él cambiara la orden de La Mar?
Pero, ¿qué ocurriría si la caballería fuera exterminada? …Todos los esfuerzos de la libertad, toda la campaña que había durado años y años quedaría ahí destruida y una vez más tendrían los patriotas que recomenzar la lucha.
Ocurriría quizás lo mismo que en 1780 cuando Tupac Amaru conquistó en Cusco la libertad del Nuevo Mundo y cuando ya aquello se había propagado a las otras naciones andinas, la embestida de los realistas y la feroz campaña desatada contra el líder indígena causaron la muerte y la destrucción. Cuarenta años después había que pensarlo…
Pero el camino continúa, y ya el comandante Suárez está frente a él. Rázuri ha ordenado varias veces a su caballo que se detenga. Tanto el animal como el hombre están deseosos de continuar.
Rázuri baja del caballo
Pensemos en Andrés Razuri bajando del caballo para cuadrarse y saludar respetuosamente a su jefe. ¿Qué le va a decir? ¿Recordará el principio militar según el cual las órdenes del superior se cumplen sin dudas ni murmuraciones? ¿Trasmitirá la orden fielmente? ¿La falsificará? En ese caso, todo lo que puede ver en su destino es una condena de muerte y acaso una acusación de traidor para toda la vida.
Después de hacer el saludo militar, nuestro paisano le dice a Suárez: “Mi comandante: el general La Mar ordena que cargue usted de todos modos.”
Ni una palabra más. Suárez inicia de inmediato la carga de la victoria y con ese grupo de valientes que se lanza hacia la muerte va Andrés Rázuri. Los clarines anuncian a un grupo se jinetes que se lanza contra el enemigo que ya está festejando su victoria. El resultado es el que todos conocemos.
Las victorias anteriores de los patriotas habían sido efímeras. Sin Junín no hay Ayacucho, y sin esas dos batallas decisivas, la presencia de España en América podría haberse prolongado durante mucho tiempo. La decisión de José Andrés Rázuri cambió la historia de América y del mundo.
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