NIXA: escribir para no envejecer

Del Muro de Eduardo González Viaña

 

El primero de sus artículos periodísticos lo escribió durante los años del gobierno de Leguía. Acababa de dictar uno cuando lo visité. Los lectores de La Industria de Chiclayo han tenido la suerte de recibirlo cada mañana hasta su muerte. Un artículo cada día, era su norma.

Nicanor de la Fuente (Nixa)* estaba por cumplir ciento cinco años en el 2007 cuando fui a su casa en Chiclayo y no tenía ninguna gana de cambiar este ritmo de trabajo. Le sobraba el tiempo porque se había jubilado hacía medio siglo. Le sobraba alegría porque no estaba metido en broncas de “escritoros”. 

Acababa de visitarlo en Chiclayo y mi primera intención fue preguntarle cuál era el secreto de su jubilosa longevidad. Pero no lo hice y hablamos más bien de su poesía y de sus andanzas. Nixa ha sido siempre un hombre de vanguardia, tanto en su obra literaria como en su propia actitud de vida. Su libro Las barajas y los dados del alba (1938), fue tanto una revelación como un tren impetuoso que arrollaba los cánones de lo tradicional y llevaba por los caminos una nueva, fresca y despeinada poesía.

Hombre de su época, con el corazón bien puesto en la izquierda, participó en las luchas anarquistas de comienzos del siglo XX. Luego concurriría a la fundación del partido socialista de José Carlos Mariátegui y, por fin, a la fundación del APRA con Haya de la Torre. Persecuciones y cárceles por razón de sus ideas han menudeado sobre él. Pero nada lo ha hecho cambiar, ni siquiera el tiempo que pasó encerrado en el penal El Sexto durante la dictadura de Odría.

—Hola, paisano —dijo al verme llegar. Estaba al día de mis modestas publicaciones.—. Es un honor que hagas una parada y vengas a visitar a este viejo amigo.

¿Viejo?, me pregunto. El busto que los chiclayanos pusieron en la placita próxima a su casa luce algunos años mayor que él. Una gentil periodista chiclayana, Tatta Torres, preparó la visita. Antes de llegar a la casa, le pregunté a ella en qué estado de salud se hallaba el poeta.

—Nunca he visto un viejo tan guapo —fue su respuesta.

Este correo no pretende hacer crítica literaria. Es solo una celebración de la actividad y el genio de un hombre. Antenor Orrego, el descubridor de Vallejo, señaló que Nixa estaba llamado a una tarea trascendente dentro de la poesía latinoamericana. Recuerdo algunos versos suyos, pero solo aquellos en los cuales aflora la risa:

Para evitar incendios

en la caseta del escándalo

se suplica al público

no tocar los

BOTONES ELECTRICOS DE LOS SENOS.

Los relojes

desde lo alto de las torres

con los brazos cruzados sobre el tiempo

vigilan los pasos de las horas,

PERTENECEN A LA POLICÍA SECRETA NACIONAL...

también

denuncian los complots comunistas de la vida...

hacen confinar beligerancias

proletarias

y deportar ideas...

—¿Cuál es tu secreto Nixa? —le pregunto.

—Las mujeres.

No me sorprende. Ese mismo año le había propuesto matrimonio a una señora viuda como él, aunque medio siglo menor:

—También podríamos ser compañeros sentimentales —le susurró al oído.

—¿Estás loco, Nixa? —respondió la dama—. Acabo de llorar a mi marido y quieres que dentro de seis o siete años te llore a ti.

Me apresuro a terminar este artículo porque no sé nada de Nixa. Supongo que, vivo o difunto,  debe de estar haciendo lo mismo en Chiclayo. Y en mucho menos tiempo.

 

*Nicanor de la Fuente Sifuentes, Nixa (San José, Pacasmayo, 16 de septiembre de 1902 – Chiclayo, 15 de marzo de 2009).

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