Excesos del ministro Urresti
El peculiar estilo del accionar del ministro del Interior, Daniel Urresti, está creando serios problemas al Gobierno. Da la impresión que los humos se le subieron a la cabeza, tras la racha de popularidad que alcanzó por su firmeza en la lucha contra la delincuencia y el salir personalmente en los operativos, aunque esa no sea su función.
Indudablemente, Urresti se convirtió en el ministro más mediático del régimen del presidente Ollanta Humala y hace la función de pararrayos para enfrentar a los críticos y/o enemigos del Gobierno. En ese afán peca de excesos que la mayoría censura, y no es porque se esté contra el régimen sino que no puede avalarse el abuso del poder.
Dentro de esos excesos, está la forma agresiva con que viene tratando a los periodistas. Eso es intolerable y no se puede pasar por alto. No hablamos de un caso aislado, ya hay varios. La propia Policía ha comenzado a obrar de la misma manera deteniendo en forma arbitraria a cualquier colega por el hecho de serle incómodo. Los periodistas cumplimos una labor que está garantizada constitucionalmente. Igual que un policía, los periodistas merecemos el respeto que demanda el ejercicio de nuestra profesión.
Es necesario reclamar poner término a esos excesos. Como también es necesario que el titular del Interior reconsidere la forma de actuar.
Por eso rechazamos la forma despectiva y agresiva con que se viene actuando por parte del ministro Urresti, y por parte de algunos policías. Es necesario reclamar poner término a esos excesos. Como también es necesario que el titular del Interior reconsidere la forma de actuar. Nadie le quita el derecho de responder a sus críticos o a los críticos del Gobierno, pero debe hacerse dentro del marco del respeto mutuo, tal como ya lo hemos demandado en anterior oportunidad en esta misma sección.
Por el bien de la gobernabilidad del país, por la necesidad de mantener un clima de paz y de orden es menester que todos ajustemos nuestra conducta cuando excedemos los parámetros que fija la ley y las buenas costumbres. Para qué alentar mayores enfrentamientos en medio del clima de violencia que ha impuesto la delincuencia en el país, y en momentos tan difíciles por las serias denuncias sobre presunto reglaje incluso a personajes del propio entorno del presidente Humala, como la vicepresidenta Marisol Espinoza. Esos hechos –como ya hemos reclamado- deben esclarecerse plenamente tras una investigación imparcial.
Alentar más situaciones de conflicto a las que ya se está viviendo solo respondería, como se especula, a maniobras políticas. Los políticos de oposición, igualmente, deben ser responsables y consecuentes con su crítica. Esa manera hipócrita de conducirse debe censurarse porque no contribuye a fomentar una cultura de respeto por la verdad y por la institucionalidad. Hay que aprender a ser consecuentes. No se siga en la política del diablo predicador.
Y en ese marco de cambios es que formulamos un llamado a la reflexión a fin de que el ministro Urresti reconsidere su actuación y la ciña a los parámetros del respeto para promover una cultura de paz, de tolerancia y de afirmación de un país que quiere avanzar hacia metas superiores.

