Pacasmayo  |  

“El Chino”, Ejemplo de Laboriosidad

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Muy pocos lo conocen por su nombre. Moisés Arias Arroyo es uno de los personajes populares de Pacasmayo, reconocido por ser ejemplo de laboriosidad. Desde las 4 de la madrugada afirma estar en pie, conforme a su costumbre de años. Entre que se asea y se alista para salir corre para ganarle a la hora. Pese a no tener un jefe a quien darle cuenta de la hora de ingreso y salida, le gusta la puntualidad. De madrugada, golpe de las 5, cuando las sombras de la noche todavía no han sido despejadas por la claridad del nuevo día, llega al terminal terrestre y ayuda a llamar y conseguir pasajeros en las empresas que van a Chepén y a Trujillo.

Allí lo vemos, agitando los brazos, haciendo gestos y llamando a viva voz a los pasajeros. De rato en rato toca un silbato tal cual policía de tránsito no capacitado pero si voluntarioso y tratando de orientar y advertir del ingreso de algún vehículo. Generalmente está allí hasta minutos después de las 7 de la mañana, en que llega el llenador “oficial”

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De allí baja hacia el Paseo de la Paz, altura del Ovalo, donde hay informales y también se recrea llamando pasajeros o sonando su silbato. Por ayudar a llenar cada unidad, ya sea en el terrapuerto o en paraderos informales, “El Chino” gana su propina. Luego se retira a descansar hasta la tarde en que está buscando algo en que volver a ocuparse.

Nacido el 30 de noviembre de 1950, en Pacasmayo, se inició como canillita. Imposible saber la cantidad de kilómetros que ha recorrido a pie las calles no solo de Pacasmayo, sino inclusive las de Tembladera y otros lugares a los cuales iba por propia iniciativa. Muchos tendrán aun la imagen de “El Chino” reteniendo bajo sus brazos una ruma de periódicos. No recuerda cuántos vendía al día, llevaba de todos, y todos los vendía.

De esa época de canillita le quedan aún añoranzas y no la ha abandonado del todo, pues en las tardes –como para “matar” el tiempo- viaja a San Pedro de Lloc llevando un vespertino trujillano para vender. Agotada su cuota, lo distinguimos, a veces, sentado en el Paseo Alianza descansando o degustando algún alimento.

“El Chino” no recuerda cuando se inició como canillita y cuándo se retiró de esa tarea. Nos dice que se retiró porque ya sentía el cuerpo cansado de tanto caminar. Próximo a cumplir 65 años de edad, allí lo tenemos como ejemplo para nuevas generaciones que se ven tentadas y ganadas por el delito en la idea de que es fácil ganarse el dinero robándole a otros. “El Chino” es un ejemplo de vida, y de cómo la persona puede ganarse la vida honradamente.

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