En Condiciones Extremas Siguen Damnificados del Niño Costero en San Pedro de Lloc
Aunque las condiciones climáticas han devuelto a la mayoría de ciudadanos al ritmo de vida habitual, una situación totalmente diferente viven los damnificados y afectados por el Niño Costero que azotó al país los primeros meses del año.
En esta ciudad capital puede palparse la preocupante situación con solo recorrer los AAHH Onteré Giura y Cacique de Lloc. Viviendas que cayeron, hasta ahora no han podido rehacer ni sus bases. Los vecinos que fueron ubicados en carpas no la están pasando bien y quienes no recibieron esos refugios temporales sufren las duras condiciones climáticas del cambio estacional.
Vivir tres meses hacinados y en las condiciones en las que están nuestros hermanos sampedranos es indigno.
CARPAS, HORNOS-NEVERAS
Quien piense que vivir en una carpa es una opción digna para una situación de emergencia se equivoca. Probablemente lo sea para un momento de crisis. Dos semanas, quizá tres pero vivir tres meses hacinados y en las condiciones en las que están nuestros hermanos sampedranos es indigno y merece una pronta reacción del Estado, desde los gobiernos locales, regionales y central.
Por las mañanas, las carpas se convierten en hornos en los que es imposible permanecer. Dentro de estas se han podido ver hasta tres colchones en el suelo en los que duermen hasta siete personas. Desde las 9 de la mañana el calor va en ascenso y a las 11 es imposible permanecer dentro. Los damnificados deben permanecer fuera de ellas o refugiarse en improvisadas ramadas hechas con los restos de sus antiguas viviendas y con las calaminas regaladas por el Estado y benévolo conciudadanos.
A las 3 de la tarde, cuenta una madre damnificada, el viento empieza a soplar y si no está bien amarrada la carpa es posible que hasta salga por los aires. Quienes no tienen carpas y viven en improvisados “ranchitos” más de una vez han tenido que salir tras sus calaminas, arrastradas por el viento.
El polvo y la intransitabilidad persisten perniciosos en estos dos AAHH que son solo una muestra de cómo la están pasando todos los damnificados. Con el correr de la tarde la temperatura desciende y es posible permanecer dentro de las carpas. El refugio comienza a enfriarse a medida que cae la noche y antes de que el nuevo día llegue a sus vidas, el frío comienza a calar hasta los huesos.
Madres de familia de estos sectores han señalado que no solo ellas están sufriendo de dolores de huesos, sus niños se enferman. La tos y los resfríos los mantienen enfermizos semanas tras semanas. Algunos han pensado que colocando las calaminas de metal a los costados de las carpas ayudan a alejar el frío, sin embargo ya se han dado cuenta que es un efecto inverso. Las calaminas de metal concentran el frío y lo transmiten al interior de las carpas incrementando sus efectos. Con o sin calaminas al contorno el frío se ha convertido en el gran enemigo.
Invocaron a los ciudadanos que tengan fuerzas y recursos aún para compartir, lo hagan llevándoles mantas y abrigo, especialmente para los niños. También han llamado la atención respecto de la gran cantidad de zancudos que hacen más duras aún sus condiciones de vida.
En cuanto a la alimentación, han sabido paliar con mucho esfuerzo la necesidad. Aun sigue llegando apoyo particular en ese sentido. Desde hoy, también llegarían almuerzos del Estado, a través de la MPP, contaron. Había sido ofrecido para ayer pero hasta la 1 de la tarde no llegaba.
COLCHÓN DE GATO
Aunque sonó gracioso la denominación que le dieron, dista mucho de una broma la calidad de los colchones que INDECI llevó para ayudar a los damnificados. En el recorrido que hizo +Ultimas Noticias la mañana de ayer, no hubo ningún comentario que alabara sus cualidades. Son de una espuma tan frágil que con el solo apretón de manos se aplana. Un cuerpo, incluso de un niño, convierte el colchón en una manta sobre el suelo. “Duele el cuerpo echarse sobre esos colchones. Uno se engaña que va a dormir en un colchón y termina durmiendo sobre el suelo frío”, dijo una madre que ha tenido que buscarse la forma de añadir otro colchón de mejor calidad al que el Estado compró con el dinero de todos los peruanos y quién sabe a cuánto se cotizó la compra.
No ha habido oportunidad de rehacerse del desastre, dijo un vecino que a duras penas intentaba abrir zanjas en donde antes existía su vivienda y a donde pretende volver a instalarse. Para ellos, las condiciones no van a ser peores en el caso de un nuevo desastre natural. En el colectivo ciudadano persiste la idea de que el alcalde no actuó preventivamente para evitar la inundación y desolación del sábado 8 de marzo.
A tres meses la única mejora que han reconocido los ciudadanos ha sido la recuperación de servicio de agua a través de las redes públicas. Existen caños en los barrios para abastecerse, pero no es suficiente. La gran mayoría de los que permanecen en la zona en carpas y “ranchitos” siguen haciendo sus necesidades biológicas en la parte posterior del arenal.
Los ciudadanos han invocado la presencia de las autoridades municipales para ayudar a reencontrar el camino de la recuperación. A los tres meses del desastre, poco o nada han podido hacer. Si sus condiciones de vida eran difíciles antes de la inundación, hoy son indignas en una ciudad que se precia de ser la capital provincial.
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