Oswaldo Ventura Castro, Historia de Amor Por la Música y su Tierra Natal
Compositor sampedrano pide enseñar a cantar y recitar desde pequeños
Don Oswaldo Ventura Castro es uno de los personajes de la historia musical de San Pedro de Lloc. De esta ciudad se dice que es cuna de músicos, y es verdad. Muchos de los sampedranos han dado fama a su tierra natal por la belleza de su arte musical.
Don Oswaldo tiene 92 años de edad, pese a una racha de enfermedades que lo aquejan mantiene intactos los recuerdos que han marcado su vida. La suya es una historia fascinante de amor y música en la que destacan los designios de Dios.
Tarde aprendió a leer, pues recuerda que en la época que nació (es del 1 de mayo de 1924), había solo dos escuelas en San Pedro de Lloc: “José Sevilla” y “Lucrecia Vértiz Cáceda”, que era solo de mujeres. Las matrículas había que reservarlas con anticipación y eran acaparadas por las familias de las calles principales de la ciudad.
Cuando finalmente su padre consiguió cupo, sus hermanas lo llevaban al “Sevilla” pero él se las ingeniaba para escapar de las aulas. Más tarde, eso le pesaría, lo avergonzaría, le impidió escalar más alto, y le arrancaría lágrimas. Pero, también fue origen de una historia de amor,
Viajó a Lima cuando tenía 16 años y llegó a la casa de una familia donde le dieron pensión. Los esposos tenían 5 hijas mujeres, la mayor de ellas tenía 18 años; ella, a la hora del almuerzo “debajo de la mesa me alcanzaba papelitos, cartitas”.
Don Oswaldo hace un silencio e interrumpe el relato, pasa saliva y los recuerdos llegan galopando.
“Un día su papá me dice: Joven Oswaldo, vaya acompañe a mis hijas a la playa, eran 5 pequeñas y la mayor es la que estaba enamorada. En la playa, en la arena nos sentamos y me dijo ahora sí me vas a decir por qué no me contestas mis cartitas. Yo la abracé y solté el llanto. Lloré y le dije no es que no te quiera pero yo nunca he pisado un colegio”.
“Cuando le conté ella también lloró. Yo ya comenzaba a hacer música nomás; y ella me dijo desde hoy día, como nos vamos a casar (…) vas a aprender. Me matriculó en la Nocturna en un colegio El Prado, en Lima. Yo era el más viejo, estuve 2 meses, 3 meses nomás después me salí, ya no fui. Pero allí aprendí las primeras letras, me salí porque sentía vergüenza de estar entre tantos niños”.
Susana –la joven que lo amaba- le preguntaba constantemente cómo iban las lecciones. Cuando iban a la playa, ella simulaba convertir la arena en páginas de un cuaderno; trazaba rayas, le cogía su mano derecha y escribía sus nombres. “Yo miraba bien la O (de Oswaldo), como era y me esmeraba en ver como se deletreaba, compraba los periódicos y aprendí un poco”.
A esa etapa de felicidad llegó un mal momento. “Viene la fatalidad para ella pues murió su papá, la señora (la mamá de Susana) nos dijo que ya no daría pensión. Se fueron a vivir al Callao; hasta allá me iba yo y allá conocí a otra persona de la que me enamoré y después hice mi esposa (Tulia Esther Barriga Moya) quien ya falleció”.
El amor verdadero mutuo y el destino que le había reservado el Señor se inició para él. Tenía 23 años y la mujer que robó su corazón, Tulia Esther, y con la que se unió para toda la vida, tenía 18 años, y aun no tenía mayoría de edad por lo que no podían casarse (antes la ciudadanía se alcanzaba a los 21 años). Decidieron fugarse y venir a San Pedro; se casaron y tuvieron 9 hijos, seis varones y tres mujeres.
Con gratitud recuerda esa etapa de su fugaz amorío con Susana, y dice: “A lo mejor por eso estoy pagando porque ella lloraba, les contaba a sus amigos yo he hecho esto por él y la forma como me paga. No sé si estará viva”. Invoca ese recuerdo con profundo respeto por la memoria de su esposa.
Fue así como aprendió a escribir, a tropezones, y le valió para escribir la letra de unas cien composiciones de todo tipo de música (pasos dobles, valses, cumbias, marineras, huaynos). “Varias de esas composiciones están dedicadas a mi San Pedro”, dice con sentido amor.
Marchas militares
Recuerda que por invitación de quien fue capitán de Puerto en Pacasmayo, don Armando Figueroa Roggero -oficial de la Marina que soñaba con fundar una escuela de aviación naval en nuestro Puerto- escribió un himno de la Aviación Naval, lo presentó a concurso y resultó ganador.
Tiene también marchas militares. “Escribí un himno a los Húsares de Junín; también a los participantes en la operación Chavín de Huantar para rescatar a los rehenes de la Embajada Japonesa capturada por los emerretistas (…) los Húsares de Junín tienen muchas músicas mías y las tengo instrumentadas acá para garantía de que no le estoy mintiendo a nadie”.
“Esos son mis aportes y no es posible que ni siquiera tenga un recuerdo. Yo estoy por acá escondido”, dice refiriéndose a que vive casi olvidado por las autoridades y los amigos de su generación. Vive en Balta 190; reposa en la sala rodeado de discos, recortes periodísticos, copias de cartas de felicitaciones, etc.
Vals a Rázuri
Dentro de los temas que recuerda con gratitud menciona uno escrito en el año 1954 que dice es con el cual se inició como compositor. Es un vals dedicado al héroe José Andrés Rázuri y que lo cantaban el profesor Luis León Cruz y Efrén Hernández, “El Charapo”.
Don Oswaldo tampoco aprendió a escribir música. “Pero conozco el pentagrama porque me enseñó un amigo, El Canano, (Rogelio Effio Bocanegra) que era el mejor trompeta que había en San Pedro. Era chiclayano, vino acá, se enamoró de una sampedrana y se quedó acá. Murió en un accidente, en Paiján, era un buen músico”.
¿Cómo componía música? Recuerda que le llegaba la inspiración e insistía en tararear la música hasta que conseguía memorizarla. Pero no siempre la recordaba tal como la concibió inicialmente. Años más tarde llegó a comprarse una radio-grabadora en la cual se encargaba de hacer sus grabaciones.
No recibe regalías de Apdayc porque para eso tiene que utilizarse sus temas y eso no viene ocurriendo. Fue cónsul (representante) de Apdyac en el departamento de La Libertad y en ese entonces las orquestas interpretaban algunos de sus composiciones y recibía las regalías que le correspondían.
Recuerdos
Dentro de los numerosos recuerdos que desordenadamente le llegan a la memoria, contó que cuando salió hacia Lima “ya cantaba con La Lira sampedrana que era una orquesta de cuerda y allí bien muchachito me hicieron cantar".
"Recién se había formado Javier y sus rítmicos. Cuando vine para acá (fugando de Lima con Tulia Esther) me fue a buscar a mi casa. En Lima yo he cantado con Paco Maceda (…) nos llevaron hasta Tacna. Vengo para acá y había cantado en orquesta pero con guitarra y Javier me dijo anda ahora para que ensayes porque te tengo dos contratos sábado y domingo, en Lima. Poco a poco me conocieron, después ya he trabajado en Chiclayo, con Vicente Incio; en Trujillo, con Manongo Alvarez. Cantando, todavía no componía nada”.
“En ese entonces me dieron 100 soles, por dos noches, y la plata valía. Con 100 soles tenía para vivir un mes. Me gustó y me quedé. Después apareció Felipe Falla, no había hecho contrato con ninguno. Después mi compadre Ruperto Calderón, donde también tocaba sacxo mi compadre ‘Cucharita’ Rodríguez, vinieron y me dijeron compadre tienes que trabajar con nosotros y me ofrecieron pagar 70 por noche o sea 140 soles por dos noches”.
“Así poquito a poquito hasta que se me ocurrió por componer. En mi cama, después de rezar, me ponía a silbar y dale y dale cuando ya compré ese radio grabadora me costó 7 millones de intis, en Chepén. Entonces cuando tenía algo grababa allí y después iba cuadrando la letra de acuerdo a la música. Dios me dio todo eso, el único padre que tenemos en la tierra”.
Espera ayuda
Como todo padre, don Oswaldo no quiere ser una carga para sus hijos. De ellos está muy agradecido pues siempre lo asisten tanto para su alimentación como para sus medicinas.
“Yo tengo mis hijos, pero ellos tienen sus familias y no se les puede obligar. Me mandan sí para mis alimentos, medicinas. Primero me dio derrame, a los pocos días se me presentó problemas de próstata, después problema de cálculos. Cinco enfermedades tengo. También tengo catarata y todo eso es gasto. Creo que tengo derecho por ley a recibir algo porque he aportado a mi ciudad, a mi país. He escrito al alcalde para que me ayuden, no me ha contestado pero vinieron a ver para incluirme en Pensión 65, pero no hay nada. Yo digo siquiera para quedarme unos días más”, dice sin que suene a queja.
Deseo
“Lo que quiero es que conozcan lo que tengo. Tengo discos grabados y quisiera ver cómo se puede arreglar para dejarle a mi pueblo para que los toquen como temas del recuerdo”.
Mensaje
“Que en los colegios por lo menos enseñen a cantar, a recitar. Acá ha habido buenos declamadores. De acá hemos ido a Chiclayo cuando estaba el padre Almeyda, él nos alentaba a ir. Las monjas nos daban el ómnibus pero poníamos el combustible. Era concurso de los pueblos (en Radio Heroica). Ganamos en canto y reinado. Ganamos en conjuntos musicales. Que todos desde pequeños, cultiven el arte; usted sabe que la cosa es nacida”.
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