La cosecha de los noventa: valores banalizados


Los valores éticos y morales son fundamentales para una convivencia en paz, orden, armonía y respeto; la ausencia de valores, fomenta la intranquilidad, la incertidumbre, el desorden, la inseguridad, la injusticia, el abuso de poder, el caos social, etc.; que no contribuyen al progreso y desarrollo de una comunidad.

La banalización de los valores consiste simplemente en ignorarlos, no darles importancia, o simplemente burlarse públicamente; como: premiar o pasar por alto la deshonestidad, la injusticia, la falta de solidaridad, el atropello de los derechos de otros, etc.; con el agravante de trivializar o ridiculizar actos u hechos indecorosos. En otras palabras, quitar o desmerecer la importancia respecto al tema de los valores.

Existe un principio que reza: “Todo lo que se siembra se cosecha”. Como también, la palabra de Dios revelada en la Biblia: “Por sus frutos los conoceréis” (Luc. 6:43-45). Solamente, que, a diferencia de lo que se cosecha, está, en lo que se siembra; es decir, si sembramos semillas buenas, cosecharemos frutos buenos; si sembramos malas semillas, tendremos cosecha de frutos malos. Los niños y adolescentes de la generación de los ochenta y los noventa, son los jóvenes y adultos de hoy. O sea, lo que se sembró en la mente y en el corazón de tales generaciones durante ese periodo, es el fruto que nuestra sociedad cosecha hoy en día. En tal sentido, nuestra sociedad actual, lamenta y reprocha el comportamiento e inconsciencia de “algunos” ciudadanos, que no solamente no respetan la emergencia sanitaria. Sino, que, además, tienen el cuajo y desparpajo; unos de organizar, y otros de asistir a juergas y bailes en discotecas y otros tipos de eventos de diversión, con consecuencias lamentables de contagio y muerte. También los hay, quienes protagonizan actos de insensatez, carentes de sentido común; corrupción, violencia y pillaje, creando incertidumbre y temor en la población.

Actitudes nefastas, que tienen estrecha relación con la formación educativa en valores, en la etapa de la niñez y adolescencia. Por cuanto, en dicha etapa de la vida, asimilan, aprenden y absorben como una esponja, todo lo que ven y oyen, es decir, lo malo, lo bueno y lo feo. Por lo que constituye la etapa más crucial de formación, donde los padres, educadores, autoridades y gobernantes deben poner especial interés y atención. Sin descuidar las influencias negativas directas e indirectas del entorno social; como los medios de comunicación, llámese radio, prensa escrita, televisión, locales de diversión, internet, entre otros.

La banalización de valores se entroniza con mayor fuerza en el periodo de los noventa, por cuanto, es en dicho periodo de gobierno, con el Congreso cerrado, se copó todas las instituciones y poderes del Estado, despreciando por completo los valores y principios democráticos. Sin desconocer, que antes de dicho periodo, también haya habido prácticas deshonestas de algunos malos políticos, pero, menos osadas a las ocurridas a partir de la década de los noventa en adelante. Por lo que, lo ocurrió en la década del noventa, fue un proceso de entronización generalizada de corrupción en todos los poderes y niveles de las instituciones del estado. De tal manera, que en la actualidad, algunos políticos, ya ni se sonrojan de ser corruptas, por el contrario, no obstante las evidencias, sacan pecho y dicen luchar contra la corrupción. Hecho, que indudablemente confunde a la población, al distorsionarse los valores, considerando los actos negativos como buenos y los actos positivos como malos, al haberse banalizado los valores.

Para muestra tenemos a los congresistas, unos defenestrados, por cuanto su permanencia era insostenible por la evidencia de sus actos, contrarios a los intereses de la nación. Y los actuales no demuestran que son muy diferentes de los primeros. El pueblo ya está avisado, que clase de personas y partidos políticos pugnan por ser electos en la próxima contienda electoral. De hecho, se van a camuflar como siempre, los lobos y chacales se van a vestir de mansas y buenas ovejas.