Carta abierta a los señores directivos de Cementos Pacasmayo

Hace un par de días recibí una pregunta en las redes, inquiriéndome cómo ha contribuido la fábrica de cemento con “Respira Pacasmayo”, comité ciudadano independiente que en un mes de trabajo ha logrado captar donaciones de muchos pacasmayinos residentes y no residentes, por un monto cercano a los S/. 100,000 con solo una logística muy precaria y una gran credibilidad.

Es que el dolor de ver a tantos familiares y amigos cercanos de todas las edades, personas queridas con las que hemos compartido etapas de nuestras vidas, caer abatidos por el maldito virus, nos obliga a defendernos con nuestro propios recursos, muchas veces magros y escasos, para actuar en defensa propia ante la inacción, desinterés e indolencia de autoridades ineptas y negligentes que no lideran lucha alguna contra esta pandemia y lo que es peor, no aceptan colaboración ni aporte de ideas, esfuerzos y ganas de la ciudadanía que se organiza como puede para asegurar su supervivencia.

Bueno, de estas autoridades a las que ya ni menciono por evidentes, ya no podemos esperar nada efectivo, ordenado, ni contundente y solo estamos condenados a soportarlas. Pero llama poderosamente mi atención el silencio, el mutismo y la indiferencia de Cementos Pacasmayo, la famosa empresa bandera de nuestra ciudad que otrora nos enorgulleciera que luciera el nombre de nuestro terruño por todo el Perú y el mundo.

Es increíble la forma cómo se ha puesto de costado mirando de reojo toda nuestra desgracia. Nos causa nostalgia y extrañeza que la empresa que durante muchos años y generaciones ha convivido con nosotros con alegría y amistad, siendo la mayoría de sus funcionarios nuestros amigos y miembros activos de nuestras instituciones locales como Rotary Club, Club Pacasmayo, Casa de la Cultura, Cámara de Comercio, etc., una empresa que hasta tuvo un equipo de fútbol jugando en la Liga local obteniendo grandes triunfos con la camiseta de Pacasmayo, que apoyaba escuelitas de infantes, colegios de todo tipo, academias de enseñanza técnica, estudiantes y deportistas precoces, se ha deshumanizado tanto, al punto que ahora nadie conoce a sus directivos y jefes (con raras excepciones), y se desenvuelven totalmente al margen de una vida en comunidad.

En Pacasmayo nunca nos enteramos cuando hay una visita de algún representante de la Alta Dirección y cuando sucede, se mantiene en alta reserva. Cero comunicación con la comunidad. Para ello parece bastarles y sobrarles la Oficina de Relaciones Comunitarias que se encarga de estar al tanto de las pequeñas necesidades de algunos barrios, y cuya satisfacción les es suficiente para liberarse de la odiosa Responsabilidad Social que deben reportar en alguna oficina para poder decir “Ya Cumplimos”.

A mediados de junio, cuando la pandemia empezaba a arreciar, el director del Hospital EsSalud presentó consulta a la Cámara de Comercio si las empresas locales podrían apoyar para la construcción de un pabellón COVID para 40 camas en Pacasmayo. El costo bordeaba los 700 mil soles. Siendo Cementos Pacasmayo nuestro asociado más solvente teníamos que asegurar su concurso, por lo que más de una vez quise contactar al gerente personalmente, pero todo intento fue infructuoso. Ni una respuesta a mis llamadas y wasaps. Sin ellos, la respuesta tuvo que ser negativa. Actualmente, ese mismo pabellón ya se construyó en Virú, con el apoyo de las empresas agroexportadoras de la zona, en el tiempo récord de 45 días.

Quiero dejar en claro que esta nota no la escribo como parte del Comité “Respira Pacasmayo”, ni de la Cámara de Comercio, a las que eximo de toda responsabilidad. Lo hago como un simple ciudadano que he dedicado mi vida entera a poner un grano de mi esfuerzo personal en la solución de los problemas de mi ciudad, a la que quiero desde que tengo uso de razón, y por lo que decidí desde recién graduado, establecerme acá con mi familia, mi empresa y mis sueños.

He sido sucesivamente ingeniero supervisor de obras, consultor y ahora contratista de Cementos Pacasmayo desde 1977, pero sin dejar de lado el cariño que cultivé hacia la empresa en estos 43 años de servicio casi ininterrumpido, me siento libre de soltar mis sentimientos de frustración en esta penosa coyuntura, y mi reclamo ciudadano sin temor a molestias o represalias porque ahora, en las postrimerías de mi existencia, puedo decir satisfecho que todo lo que la fábrica me ha dado ha sido como producto de mi trabajo honesto, responsable y sin horarios, y a la fecha no le debo nada que no sea la excelente y valiosa amistad de tantos viejos compañeros de ruta, muchos de los cuales ya no están a la vista pero sí en mi corazón.

Solo le pido a Cementos Pacasmayo desde estas humildes líneas, que abra un paréntesis de HUMANIDAD en su política empresarial tan rígida e inviolable, y demuestre con hechos y una pizca de generosidad, que todas esa palabras tan bonitas y reiteradas en cada discurso de sus fiestas de aniversario “agradeciendo y ensalzando el trabajo denodado y responsable de sus colaboradores de Pacasmayo, que son la fuerza motriz de su éxito y su crecimiento”, eran sentidas y sinceras, Y HAGAN REALIDAD ESE PABELLÓN COVID TAN URGENTE PORQUE ESTA POBLACIÓN, A LA QUE SIEMPRE DECLARARON GRATITUD, LO NECESITA AHORA, CON CARÁCTER DE VIDA O MUERTE.

Que los latidos ahora casi inaudibles de ese corazón cementero, se sientan pronto vibrar con fuerza en todos los monitores de las camas COVID de los pacasmayinos enfermos y empiecen a salvar muchas vidas.

Voz de

Rogerio Deza Ramírez