La milagrosa Virgen de Guadalupe, historias y magnitud alcanzadas

Coronica Moralizada



Muchos conocen la historia de Guadalupe debido a la orden agustina, específicamente el libro cuyo título es "Corónica Moralizada del Orden de San Agustín en el Perú" (sic) escrita por Fray Antonio de la Calancha en el año de 1639; escritos que se dividieron en cuatro tomos con información variada de la vida que antecedió y se vivía en la colonización española. El padre de la orden agustina describe de manera específica en los tomos III y IV de la historia y milagros de la Santísima Virgen de Guadalupe en el valle del Jequetepeque.

Describe al capitán Francisco Pérez Lezcano, uno de los primeros encomenderos del valle de Jequetepeque en la conquista española junto a Pedro González de Ayala. Y de acuerdo a la historia previa de Pérez de Lescano es en Trujillo donde se le acusa, juzga y condena por infamias contra otras familias nobles. Previo a su muerte, el capitán Pérez de Lezcano hace la promesa de traer de España a la virgen de Guadalupe para la zona donde se le había designado su encomienda. Quedó libre y viajó a Europa.

Llegó a Extremadura, España, hizo las diligencias necesarias y obtuvo una imagen de la Santísima Virgen idéntica que mandó a preparar con un importante tallador. Tuvo inconvenientes para que salga esa réplica, pero con el favor de Dios y la Virgen -dice Calancha- pudo llegar hasta Panamá y por último a Chérrepe en 1562. Y así - la Virgen de Guadalupe que trajo el capitán español - obró su primer milagro en el Perú y en Guadalupe. Una niña y su madre se encontraban cerca de un canal de un molino; la niña cayó, pasó por el rodezno (rueda con engranajes). La mujer pidió a la Virgen de Guadalupe por su hija y ante el asombro de todos encontraron que la niña no había sufrido daño alguno. El padre agustino describe el suceso como un verdadero milagro pues se encontró a la niña rodeada por un caparazón de agua. Este milagro fue clave para poder extender el nombre de la Virgen que llegó de Extremadura.

Coronica Moralizada

En 1565, un hombre junto a su vasallo llamado Ernando Tusa, pasaron por Guadalupe. Tusa cuidaba el caballo del hombre que acompañaba y recibió un golpe que lo mató. Su acompañante lamentó el hecho, pidió por su alma a la Virgen de Guadalupe, pagó el entierro y se marchó. Se hicieron los arreglos para sepultar al vasallo; sin embargo, Tusa resucitó. Este milagro también fue atribuido a la Virgen de Guadalupe. La fama de los milagros de la Santísima Virgen de Guadalupe traspasó el Perú y llegaron hasta Panamá.

Pero también fue el inicio una disputa entre clérigos. Pidieron el derecho de tener a la milagrosa imagen Mocupe, San Pedro de Lloc y Chérrepe. Este pleito duró dos años con un resultado favorable para los agustinos de Guadalupe según decisión del arzobispado de Trujillo. Pero no fue el único suceso trágico; tras la muerte de Luisa de Mendoza, esposa del capitán Pérez, y según refiere Fray Antonio de la Calancha - un 7 de diciembre - la capilla se quemó, salió en andas y el fuego pudo ser controlado.

Otra historia de los agustinos es la de los cuatro navíos que partieron de Panamá hacia Lima y traían al virrey Francisco de Toledo. En el viaje una tempestad atrapó a las naves y todos esperaban morir; el virrey, el Tribunal de la inquisición, oidores, alcalde de corte, religiosos agustinos, nobles españoles y mercaderes. Ya sabiendo de los milagros de la Virgen de Guadalupe en Pacasmayo se encomendaron a ella. Las súplicas se escucharon y pudieron sortear la tormenta describe el libro. El virrey desembarcó en Paita e hizo un recorrido hasta Guadalupe, se realizaron algunas novenas y - en nombre del rey de España - entregó en donación a la Virgen a San Pedro de Lloc, Jequetepeque, Chérrepe (Pueblo Nuevo), Mocupe y Chepén, para que los agustinos enseñen la doctrina de la virgen en aquellos pueblos.

Estas historias también se pueden leer en "Disertación histórica sobre la aparición de la portentosa imagen de María Santísima de Guadalupe de México" de Francisco Javier Conde y Oquendo, publicado en 1852 en su tomo I. En "Historia universal de la primitiva y milagrosa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe" del padre Francisco de San José; una recopilación de 1654 a 1736.

Y así, encontraremos en las crónicas agustinas del Fray Martín de la Calancha respecto a historias milagrosas de la Virgen de Guadalupe como las grandes desventuras de Martín de Garay y su férrea creencia a la Madre de Dios o la del limosnero Juan Sánchez, Alonso y el rosario labrado con cristales. Historias que consolidaron y extendieron el nombre de la Virgen que llegó de España.

Trasladándonos hasta el siglo XIX, don Antonio Raimondi visita Guadalupe y menciona en varios fragmentos de sus libretas la ciudad y sobre todo la fe a la Santísima Virgen de Guadalupe. En su viaje de 1868, Raimondi sale de San Pedro de Lloc y se dirige a Guadalupe al mediodía del 02 de junio, llegando a las 4pm.

Sus primeros apuntes dicen: "Guadalupe es pueblo pequeño, pero es célebre por su fe que tiene lugar todos los años en los mediados de noviembre y principios de diciembre. El aspecto del pueblo es bastante bonito, presentando su plaza la vista, la iglesia del convento, una hermosa casa de altos perteneciente al Señor Goyburo (D. José Bernardo) y otra iglesia que actualmente se halla en ruina".

Y en su primer recorrido describe lo siguiente: "La iglesia del convento es una de las más bonitas que se halla en los pueblos del norte y principalmente la bóveda del templo es digna de estarse por ser todas de ladrillos con cordones del mismo material al estilo gótico los que a más de servirle de adornos dan más solidez. Estos cordones se sostienen unas con otras y apoyan en varios centros de madera. Igual construcción y dibujo se nota en la iglesia de San Agustín del pueblo de Saña y sin duda ha sido hecha por la misma mano".

En sus apuntes destaca el jardín del convento lleno de variadas flores y árboles frutales tales como mangos, cacaos, nísperos del japón, plátanos, etc. y dominados por tres elegantes palmeras de cocos. Además del jardín hay también una meseta en la que se cultiva café y cacao y se observan algunos árboles de mameyes y una palmera de dátiles. En un local inmediato al convento, Raimondi indica que hay también una máquina a vapor para despepitar algodón.

Después de continuar observando y describiendo los lugares cercanos se enfoca en mencionar la feria y menciona datos interesantes sobre el comercio y todo lo que una feria a la mitad del siglo XIX podía convocar y recaudar: "Lo que da a Guadalupe verdadera importancia es la feria que tiene lugar todos los años desde el 25 de noviembre hasta el 9 o 10 de diciembre y se puede decir que dura casi un mes por la dificultad que encuentran los comerciantes para su movilidad. Para los comerciantes que llevan sus efectos a dicha feria hay en la población las tiendas que en esta época se hallan bien surtidas de toda clase de efectos. La concurrencia a Guadalupe en esta época es muy grande porque vienen los comerciantes y compradores de todos los lugares de la costa del norte y del interior. Hay transacciones que se verifican en aquellos días y llega casi dos millones de pesos".

Voz de

Eduardo R. Isla Hernández