Cuento El Destierro




Después del combate, muchos de los guerreros vencidos quedaron dispersos por el campo de batalla. Algunos, aún con vida, en medio de una deplorable agonía, mencionaban una palabra desconocida e incierta para los vencedores, que observaban jubilosos la magnificencia de su terrible victoria. …YAKU…YAKU…YAKU.

Guiados por un despiadado y brillante general, la tribu guerrera triunfante enfiló sus lanzas y mazos. Empuñó sus garrotes y desenvainaron con fiereza máxima sus dagas. La orden era muy cierta: “Están llamando a su Dios, muerte a los caídos”. Uno tras otro hundió su arma en el pecho sangrante de los guerreros subyugados.

El rumor de la batalla extinta creció de pronto y el viento embriagado con el canto de los turpiales y el grito de los guacamayos se vio envenenado con el desgarrador gemido de la muerte cabalgante y resuelta. No obstante continuaba oyéndose la misma palabra lánguida y monótona …YAKU…YAKU de un lugar a otro, de un lugar a otro hasta que no se oyó más que el eco horadando las piedras silenciosas y distantes.

Al cabo de unos momentos, fue la soberanía del silencio lo que se extendió por todo el campo de batalla. Luego las risas de los conquistadores, la algarabía de los sueños muy posibles y por último, el terrible cuerno de la victoria gritó solemne y trágico sobre la llanura ensangrentada, espantando para siempre todos los cantos de la tarde. La gloria había sido conquistada. Y los implacables ejércitos vencedores volvían a sus comarcas y aldeas envueltos en cierto hálito de dicha y derrota.

Al cabo de muchos años, un viajero que recorría los pueblos más antiguos de su país escuchó la historia de esa cruel batalla, batalla a la que los libros de historia llamaron la derrota del dios. El joven viajero la escuchó fascinado, sin embargo cuando oyó la palabra desconocida e incierta aún YAKU…YAKU…YAKU se sobresaltó. “Están llamando a su dios, muerte a los caídos”. Quiso gritar de tristeza y desesperación. YAKU -explicó a los ancianos que narraban la historia- YAKU significa AGUA en lengua nativa… AGUA.

Los caídos, aquellos a quienes les habían arrebatado la vida solo querían un poco de agua para sosegar su sed y así emprender en paz el sagrado viaje a la muerte. Un sentimiento de horror y tragedia se extendió por toda la comarca. Los ancianos desgarraron sus vestiduras. Las mujeres se arrancaron los cabellos mientras que los nuevos guerreros rompían sus armas cebadas contra las rocas más filudas.

Ahora comprendían por qué sus praderas eran incendiadas por los relámpagos. Por qué las mazorcas de maíz no cuajaban en sus vainas mientras que los animales de caza huían de las llanuras. Una vez escucharon llorar a la lechuza en lo más íntimo de la noche y solo ahora entendían por qué. Habían negado misericordia a quienes más la necesitaban, sus enemigos. Habían ofendido a todas sus deidades. No tendrían perdón divino. Solo les quedaba el destierro…el destierro, que siempre estaba al otro lado de la muerte.

Voz de

Jorge Luis Vergara Reyes