La radiactividad de las dictaduras y la democracia dictatorial




Cuando un país está en manos de una dictadura siempre termina odiando lo que al principio aplaudió. Esto se da porque las dictaduras – sean de derecha, centro o izquierda – inician su camino pregonando contra el sistema actual del cual el pueblo se encuentra hastiado al sufrir por los males que ha engendrado y el desgaste de gobernar.

Pero también siempre las dictaduras terminan siendo “un remedio peor que la enfermedad”, debido a que, en una dictadura se ejerce un poder omnímodo, sin fiscalización ni contrapeso, y termina incubando inmoralidad, abuso, prepotencia y hasta muerte. Las dictaduras suelen contar con el apoyo del pueblo por largo tiempo debido a que, como todo está bajo su vigilancia, pasa mucho tiempo para que se caiga la carcasa que cubre la organización criminal de su régimen. Y como las dictaduras son casi siempre de larga existencia el peor mal no lo hacen durante el periodo en el cual ejercen el poder, sino que lo más grave está en lo que inoculan en la moral de los políticos, presas fáciles de ello porque lo primero que se hace en el totalitarismo es minar y destruir los partidos políticos con doctrina y organización democrática, prolongando por mucho tiempo el envilecimiento de la vida cívica de una nación. Porque sucede que ese mismo pueblo que apoyó a un régimen dictatorial termina echándolo, pero las costumbres y “malas artes” de las cuales nos enteramos a la caída de un gobierno totalitario ya fueron muy bien aprendidas por los políticos y terminan – en democracia - ejerciendo esas malas prácticas. Además de que, para los familiares y adláteres de las dictaduras no les es fácil perder el poder y las gollerías de las cuales gozaron, entonces, con los pocos simpatizantes que les quedan después de su caída, se reciclan en un remedo de partido político, y si el sistema democrático sigue fallando, al recuerdo de lo bueno que hicieron, terminan captando nuevamente un grueso de simpatizantes, quienes creen en el supuesto cambio de actitud respecto a su pasado.

Cuando observamos los chats del grupo de WhatsApp “La Botica” hemos visto el ADN del fujimorismo. Un partido con organización, estructura y sentimiento dictatorial. Y no podía ser de otra forma: Keiko y Kenyi crecieron dentro de una dictadura, los “valores” que ellos manejan están enmarcados dentro de lo que es gobernar de esa forma. En paralelo, y es muy triste comprobarlo, algunos dirigentes que representan a partidos con historia democrática terminen de “furgón de cola” de engendros dictatoriales (mírese parlamentarios apristas) ¿Por qué lo hacen? Simple. Aprendieron algunas “mañas” que dejó el largo régimen dictatorial, y se dieron cuenta que de esa forma pueden tener cuota de poder y dividendos para beneficio personal. Eso les fue más fácil que fortalecer su partido y salir nuevamente a la palestra. Por ello dentro de su mismo partido son dictadores y usufructúan el poder, aun en contra de la ley.

Aparte de lo expresado los invito a mirar a los grupetes que fungen de partidos políticos. Todos, sin excepción, tienen un formato dictatorial, con un “dueño” o una cúpula putrefacta que cuida muy bien que los partidos dependan de ellos. Y no les importa si la institución se fortalece o no. Lo válido para ellos es seguir favorecidos con el poder. Eso es sentimiento dictatorial fundamental. Triste realidad si vemos que la radiactividad dictatorial ha llegado hasta a las células básicas de nuestra sociedad. Lo comprobamos con las pésimas gestiones municipales que cada vez son peores.

Confiemos en que el pueblo entienda que necesitamos partidos con doctrina y organización genuinamente democrática, y que las bases se levanten para echar a los mercaderes de sus templos.

Voz de

Víctor Gómez Ruiz