Cortar el ciclo de la corrupción



Las revelaciones periodísticas de estos días nos muestran una amplia red de corrupción que involucra a peligrosas bandas de narcotraficantes de El Callao y jueces de las instancias superior y suprema del Poder Judicial donde se decide finalmente la labor policial, fiscal y judicial de primera instancia contra la criminalidad, y que, además de los miembros del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), quienes deciden la elección y permanencia de esos jueces y fiscales, también compromete en un indebido tráfico de influencias a algunos políticos del Congreso de la República, quienes, a su vez, deciden la permanencia de esos miembros del CNM, lo que nos indica, sin ninguna duda, la existencia de un nivel de corrupción arraigada, de tipo sistémica frente a la cual, según los expertos, sólo cabe una solución: desmantelarla. Sin embargo, el ciudadano de a pie indignado se pregunta cómo hacerlo y, peor aún, quién se encargará de ello si, sobre los políticos (sin cuya voluntad no sería posible), pesa la permanente sospecha de ser parte de esa red de corrupción.

Mientras tanto, ¿Es suficiente indignarse y pedir “pena de muerte para los corruptos”?.  Entiéndase que un nivel de corrupción de tipo sistémica, como la de la que nos acabamos de enterar, no sucede de la noche a la mañana. Hace falta entender que se llega a este extremo pasando por un nivel de corrupción ordinaria y éste es un problema muy instalado en el inconsciente colectivo de nuestra sociedad que tolera y repite eso de “roba, pero hace obra”, como una verdad incuestionable, como una vulgar manera de creer que el fin justifica los medios.

En estos últimos días, el nuevo Fiscal de la Nación, también involucrado, cuya legitimidad se cuestiona a raíz de los audios judicialmente obtenidos y oportunamente difundidos por la prensa, ha dicho que sabe que existe corrupción en el Ministerio Público pero que puede “manejarla”.  Acaso, ¿Se le tiene que aplaudir? No es el único caso. ¿Se debe aplaudir la “sinceridad” del actual congresista Edwin Donayre que admitió haber recibido financiamiento del terrorista “camarada iván”, su compañero de colegio, para su campaña electoral? En Guadalupe, ¿Tenemos que aplaudir al Alcalde Wander Mora cuando frente a las evidencias que mostraron el uso de un vehículo de propiedad municipal y personal de Serenazgo para trasladar a su nieta al colegio,su defensa legal nos dijo, en setiembre de 2017, que fue por un “gesto paternal” y de “amor a sus nietas”?.

Se dice que un pueblo tiene a los gobernantes que se merece, pero se dice también que la voz del pueblo es la voz de Dios; por eso, frente a las actuales circunstancias: ¿Qué tan dispuestos estamos los ciudadanos de a pie a no permitir la corrupción si con ella, se logra: las redes de alcantarillado, pistas y veredas que se necesitan, o el permiso para vender sin problemas en la vía pública, la licencia para construir, o un contrato de obra o de suministro con el Gobierno local?.

En octubre próximo tenemos que elegir a nuevas autoridades locales y regionales y el slogan “cero corrupción” ya flamea nuevamente como bandera de campaña de muchos candidatos, pero la ciudadanía todavía no tiene claro, por ejemplo, que la corrupción, en estos niveles de gobierno, empieza con la forma de financiamiento de las campañas electorales de esos candidatos que, una vez elegidos, deben pagar los “favores de campaña” con la adjudicación de obras o puestos públicos.  Si se trata de cortar este ciclo de corrupción, se debe mirar más allá de los slogans, pancartas y políticos intachables, se debe detectar quiénes financian las candidaturas, y esto, más que materia de investigación rigurosa por parte de una prensa verdaderamente honesta, debería ser un imperativo moral, ya que, como se ha demostrado en estos días, las instituciones públicas llamadas por ley a hacerlo, carecen de esa capacidad.  O se empieza ahora, o se terminará, más adelante, eligiendo a autoridades como el alcalde mexicano que reconoció en un mitin haber robado: “poquito, nomás una rasuradita”, o como el actual presidente filipino, Rodrigo Duterte, quien se jacta en público de haber matado a drogadictos y traficantes de drogas cuando fue alcalde.

Voz de

Walter Tongombol Zapata, abogado