​ Qué duda cabe de la propuesta política económico social ortodoxa



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Dejando a un lado los entretelones de la vacancia presidencial a PPK y del indulto a Alberto Fujimori para que el Poder Judicial se encargue de ellos, analicemos el clima político económico social del país al que tiene que enfrentar, y tomar decisiones, Martín Vizcarra, nuevo presidente del Perú. Para ello, tomamos iniciativas publicadas por connotados economistas tanto del lado ortodoxocomo la contraria de Humberto Campodónico, profesor y decano de la Cátedra de Economía Política de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; y, el doctor Bruno Seminario Marzi, profesor del Dpto. de Economía de la Universidad del Pacífico.

            Para empezar, los economistas ortodoxos, fiel al consenso de Washington se apresuran a recomendar, “reducir el gasto fiscal”. Humberto Campodónico responde: “no es una medida aconsejable porque PPK casi no ha utilizado este rubro del gasto fiscal, según el reporte de inflación del mes de marzo del 2018 del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) solo ha bajado 0.5, de 15.8 a 15.3, en el año 2017 y se repetirá en el 2018”.

            PPK y sus exministros, Segura y Thorne dicen: “que ya se ha gastado buena parte del chanchito, fundamentando su preocupación por las calificaciones de riesgo para que no baje el grado de inversión, lo que en buena parte (según ellos), es perjudicial para los inversionistas que de ausentarse no vendrán y no se reactivará la economía”. Y, la economía, aun así, no se reactivó. Apenas se ha utilizado el 3% del Producto Bruto Interno (PBI), los depósitos del Sector Público en el BCRP han bajado de 14 200 a 9 000 millones desde julio del 2016 hasta la fecha.

El ajuste fiscal no lleva a la reactivación, es al revés, por eso, cuando es bajo, como los últimos años, se acude al chanchito, el mismo que se llena cuando hay crecimiento económico; y, así sucesivamente. Es como se dice: guardar pan para mayo.

El entendimiento lógico, en economía política, cuestiona la ortodoxia neoliberal que prioriza el lucro de las grandes empresas a cambio de reducir el gasto fiscal que el Estado necesita para: 1) Cubrir los gastos en educación que no llegan ni al 2% del PBI que es el más bajo de América, un ejemplo: Venezuela utiliza el 20% de su PBI y vean por noticias en los medios informativos, la formación y educación que nos traen los venezolanos que están llegando a nuestro país, 2) Gastos en policías y fuerzas armadas, 3) Empleados públicos, 4) Pensión 65, 5) Vaso de leche, 6) Medicinas para los hospitales, 7) Para el SIS en salud, 8) Gastos sociales para la gente de extrema pobreza, 9) Reconstrucción de las ciudades y campos destrozados por los fenómenos naturales hidrometeorobiológicos como El Niño y calentamiento global, etc..

Si las recomendaciones ortodoxas continúan como se ha venido haciendo, se mantendrá la recesión económica que viene profundizándose desde el año 2013 de 6% al 2.2% en los años 2015 a 2017.

            Lima y 29 ciudades del Perú generan la mayor cantidad de empleo y desde el año 2017 se viene bajando según el Ministerio de Trabajo. Entonces lo mejor que se puede hacer es aumentar la inversión pública, ya que ésta ha recaído de 6.3% a 4.7% del PBI del 2013 al 2017 y que se mantendrá hasta el 2018.

En el gobierno de PPK la reactivación económica no funcionó y cayó en 4.8% del PBI que equivale a 10 000 millones de dólares menos de ingresos fiscales, por:

Por la caída del precio de las materias primas. Por las malas políticas tributarias, como el IGV aplicadas por los ministros de Economía del fallido régimen de PPK que ofreció en su campaña, para beneficiar al Sector Minero y que es el más bajo de América Latina. Con la exoneración tributaria a la minería que se arrastra desde Fujimori, Yanacocha y otras mineras, por ejemplo, hasta hace poco, pagan 0% de regalías. Cuando otros países como Bolivia es el 50% y el Estado chileno explota directamente el 90%.

            El 80% de la inversión total, en el país, es negativa desde el año 2014 al 2016. Creció en el 2017 apenas al 0.3%. Y se duda que aumentará un poco para el 2018.

La reactivación económica, según Campodónico, es viable: “haciendo todo lo contrario a lo recomendado por los economistas ortodoxos”. Es decir, aumentando los ingresos fiscales.

Al haber ingresos fiscales aumenta la inversión pública y ésta dinamiza la inversión privada por efecto de una mayor disponibilidad económica por el crecimiento del empleo que originará una mayor capacidad de consumo. Hay que aplicar normas para combatir la evasión tributaria y recalendarizar (programar bajo calendario) la devolución del IGV principalmente del Sector Minero que los ministros de PPK no lo hicieron por beneficiar al sector empresarial nacional y trasnacional. Impulsar la diversificación productiva que PPK y sus ministros Giufra y Olaechea han querido liquidar. Sin la diversificación continuará nuestra dependencia en las materias manufacturadas al no aprovechar la transformación de éstas, que con su mayor agregado, dará una mayor fuente de trabajo y aumentando la productividad y competitividad.

LA OTRA PROPUESTA

El doctor Bruno Seminario Marzi sostiene que la inversión pública se encuentra paralizada, en un momento en que el país enfrenta un déficit fiscal que equivale al 3% del PBI.

Las trabas están reflejadas así:

Caída de la inversión privada y muy especialmente el Sector Manufacturero que ha decrecido en 7.3% en los 4 últimos años generando una pérdida de   75 000 empleos, según la Sociedad Nacional de Industrias. Estamos con una economía en buenas perspectivas en el sector externo, pero malas en el interno. Bueno porque el precio de los metales se han recuperado. Lo paradójico está en que las tasas de crecimiento de la economía nacional tienen la tendencia a disminuir porque el incremento de las ganancias, por la subida de los metales, no influyen para nada en el incremento de salarios y empleos, en el impuesto a la renta, en el canon y regalías. Además estas empresas mineras extranjeras sin un aparente ente fiscalizador se llevan íntegramente el incremento del precio sin pagar sus obligaciones tributarias al Estado.

Un segundo componente es el gasto público, debido a que los gastos sociales se han invertido comprando casas importadas así como en la compra de conservas de pescado chino y chileno que no impactan para nada en la demanda. Ese dinero se va al exterior cuando debió comprarse en el mercado interno.

Hay que agregar que la inversión privada no se ha recuperado porque la demanda interna de construcción y supermercados se ha paralizado por la disminución de empleos y salarios.

Por otro lado, la manufactura está desapareciendo. Lleva 3 a 4 años de recesión y hasta ahora no se recupera. Es el caso de la manufactura textil que representa el 20%.

Las caídas del precio del producto agrícola como el maíz y papa, disminuye el poder de compra de los campesinos. No es un problema de superproducción como decían los técnicos de PPK. La gente del campo no compra porque no tiene trabajo, la agricultura no es rentable y a esto se agrega que el maíz importado está subsidiado y como tal, es barato y arrastra a los alimentos sucedáneos, como la papa y otros productos agrícolas que no pueden competir en el mercado interno.

Al asumir el mandato Martín Vizcarra, nos dice: “seré muy respetuoso de la Constitución”. Reniego de estas esperanzas frustradas por este fiel cumplimiento constitucional de una Carta Magna hecha a medida de las grandes trasnacionales, por el dictador Alberto Fujimori Fujimori. Si, Javier Diez Canseco, dijo en una oportunidad antes de morir: “Si algo hay que hacer para mejorar el país y a nuestro pueblo es cambiar esta Constitución delincuente”. Madre de la corrupción. Eso es lo que debió decir. 

Voz de

Darío Alfredo Ruíz Medina