País, Mi País


El país, mi país, ha ingresado a un proceso para elegir al nuevo presidente de la República y a los congresistas. En un sistema democrático cada cierto período se renuevan autoridades, por elecciones.

Esta vez, como en anteriores, se ha presentado más de veinte candidatos para la primera magistratura.

El organismo correspondiente está revisando documentos y dando pase a tal o cual agrupación.

Hay que reconocer, muy a pesar de todo, es la realidad la que pone en vereda.

En el país, en mi país, no hay partidos políticos, y si los hay, sobran los dedos para contarlos.

Los candidatos que están en contienda, la mayoría, no tiene un partido, menos, no ha participado en vida política.

Ingresan a tal o cual agrupación de acuerdo a intereses; es más, en cada período electoral se presentan por diferentes agrupaciones.

No hay ideología, principios, escuela, participación.

Es decepcionante, muy decepcionante, que tal o cual persona, anteriormente estuvo de candidato en la agrupación X ahora lo hace por la Z. Seguramente, en el próximo periodo lo hará por Y o W.

Y esto es lo que preocupa.

Cuando converso con alguien, me dice, no olvides estás en América del Sur, en el Perú. Más todavía, eres tercermundistas. No te ilusiones.

Frente a un proceso electoral, esta vez, por la pandemia y la larga lista de contagiados y muertos, se trata de tomar las medidas más correctas para no afectar al más cercano.

Y aquí surgen incomodidades.

Al candidato le gusta estar cerca a su “pueblo”, abrazarlo, estrechar la

mano, comer, y, sobre todo, la foto para el recuerdo.

Es decir, lo que es costumbre.

Pero en esta oportunidad, repito, no se podrá hacer.

Volviendo a lo anterior.

La historia señala cómo era la vida política, cómo se realizaban las contiendas electorales y cómo se “ganaba” una elección.

En los últimos tiempos, siglos XIX y comienzos del siglo XX, la vida política era tal. No había tantas agrupaciones. Las que existían tenían una razón de ser, y trabajaban por lograr la conducción del país.

No hay que olvidar: los integrantes de un partido político daban la vida,

morían; se peleaban y defendían su participación.

Había escuela.

Había orientación y enseñanza.

En el país, mi país, en los últimos años, ya no hay vida política.

Se “arman” agrupaciones y surgen representantes en busca de votos para llegar a la administración.

Los tiempos han evolucionado.

Lamentablemente, no para bien.

Como siempre digo: alumnos, los de antes; maestros, los de antes.

Igual se puede decir del mundo de la política.

Creo no equivocarme.

Todavía quedan personas en mi pueblo que pueden dar fe de lo que

anoto.

Que así sea.

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