Juventud, juventud, siempre


A través de la humanidad, la etapa de la vida denominada juventud ha despertado inquietud, esperanza, confianza. Desde el hogar, los padres esperaban a sus hijos, cuando sean jóvenes, tener apoyo en las labores que realizaban, sea agricultura, actividades de carpintería, herrería entre otras.

Eran tiempos, los aurorales, en que se pensaba en tener los elementales conocimientos. Damas y caballeros eran autodidactas.

La educación no se formalizaba.

Las culturas madres, especialmente la griega, descansaban en el saber de los mayores que se transmitía a las nuevas generaciones.

Saltando la historia, muchos años, cuando se formaliza la educación, cuando ya hay locales con personas especializadas, la juventud tiene una nueva opción para ingresar al mundo de la cultura.

Y cada día la educación logra niveles más altos, en estos tiempos, especialmente en los países denominados del primer mundo.

Hay competencia por lograr conocer más y mejor.

Y es la juventud, ayer y hoy, la que logra comprender la realidad, la dura realidad.

Por otra parte, la administración o conducción de los pueblos, especialmente en tiempos de democracia, no siempre cumple con el objetivo de la expresión democrática. Se notan marcadas diferencias entre los países del mundo. Para no ir tan lejos, en los pueblos de esta parte del mundo; o mejor, en mi país, la situación es notoria. Se habla de una “brecha” entre ciudadanos.

Es más, las ciencias políticas, sociales, señalan características determinadas a los diversos grupos.

Y en el país, hace más que varios años, se hablaba de clase A,B,C.

Niveles que son marcados, no por lo cultural, sino por lo económico. Ahora se hace referencia a los grupos, D, E. En cada grupo, los jóvenes, varonas y varones, tienen las manos vacías y la mirada puesta en el mañana optimistamente.

Repito, siempre lo digo, es la realidad la que nos centra.

No se trata que yo quiero, yo quiero.

Hay que recordar, la sociedad, sus dirigentes, se corrompen, prima el abuso, el interés personal sobre el social.

Y la juventud, con las manos vacías; con poco o mucha lectura, con poco o nulo auxilio, hace esfuerzos, se opone a lo que intenta apagarla, y reflexiona.

Reflexiona y reflexiona.

No interesa a qué grupo pertenece.

Se asquea por lo que observa.

Por el engaño de muchos años.

Por la corrupción de quienes son los llamados a velar por los demás.

Por el bien, por el bien, por el bien.

Surge lo que señala la historia.

No sólo silencio. Está presente la rabia, la impotencia y la historia que marca la existencia de los pueblos.

Luego, sucede lo que todos comentan en el país ahora.

Se mira el futuro con esperanza, pero también con temor. No se sabe lo que puede esperar, No.

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