Mi País y Su Historia

La historia, o mejor, la tragedia de mi país, se inicia con la invasión que viene, de la tierra hispana hace ya más que varias décadas.

Al hombre, dueño de la tierra y hermanado con la madre Paccha, con la mitología y la leyenda, con la madre natura, con el apu y con el inti o la killa, de la noche a la mañana se ve inmerso en las minas, en busca de metal precioso para el hombre blanco.
Lo más grave, ingresa de pie y sale, después de muchos días, con los pies para adelante.
Le quitan su dios, su lengua y también a sus mujeres y a sus hijos.
Es decir, la razón de ser.
Le imponen una lengua que tiene que aprenderla a la mala y también un dios que no lo entiende.
Le enseñan un libro que nunca conoció, menos sabe de qué se trata, lo que le vale la muerte al gobernante de los suyos.
El modo de administración de la conocida como colonia, con autoridades impuestas por el rey de una lejana tierra que nadie conoce y otras modalidades impuestas a fuerza y por la muerte.
No hacen sino diezmar a la población.
Muchos huyen a las zonas altas y allí rinden tributo a su dios y hablan su lengua entre ellos.
Huidos, escondidos y derrotados en su propio suelo, herencia de hombres y de mujeres que vivieron antes de ellos.
Los investigadores las denominan culturas pre-incas y también comprenden la grandeza de ellas.
No hay que mencionar, para que, la destrucción del hombre blanco, que trajo "cultura y religión" de los templos, de los lugares que testimonian la vida y sueños de hombres y mujeres que confiaban sus vidas a la madre tierra, a la lluvia, al sol y a la luz de la killa.
Los kipus quedaron en el olvido o fueron destruidos.
Sobre los templos, lugares de recogimiento y de vida de los dueños de la tierra, se levantaron los centros religiosos de los invasores, hasta el presente se siente orgullosos de haber realizado esta acción.
Se impone un grupo humano extraño por la fuerza y por la muerte.
Esta parte de la historia es la que da inicio, lo dije en Palabra Mía anterior, a la crisis que vive en la actualidad mi patria, mi país.
Se está observando la lucha más fuerte, que se puede "gobernar" a treinta millones de habitantes.
O mejor como dicen quienes quieren gobernar dar salud, educación, salubridad, vías de comunicación, respeta niños y mujeres, entre otras cosas, poner al país a la altura de las naciones del primer mundo.
Y salta la incredulidad, la risa o la carcajada.
Años de años se viene repitiendo la misma historia, es decir, cada cinco años.
Mi país sigue igual, a no ser la pérdida de sus recursos naturales, los no renovables, el predominio de la población analfabeta y el hambre y la soledad, el frío y el dolor que sacude a hombres y mujeres, paisanos míos, allá en las alturas, donde anida el cóndor. 
Por allá nadie llega. Ni llegará.
Es el país del que habla José María, el Profundo, el Hondo, donde el andino, todavía quechohablante, estira los brazos y da gracias al Inti.

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