Hora del Deber Ciudadano

La declaración de “indicios de fraude” de la candidata Keiko Fujimori, convocando a las personas a denunciar presuntas irregularidades bajo la frase #FraudeEnMesa ha ahondado la división entre los peruanos. Como si no hubiera sido suficiente el terror que se ha sembrado en la campaña electoral, se está llevando a los peruanos a un enfrentamiento mayor. Pese a que no hay hechos concretos acreditados que sustenten el supuesto fraude; y considerando que los propios denunciantes han dicho que no acusan ni cuestionan a la ONPE o al JNE, empeñarse en esta acusación contribuye a desestabilizar un país que sigue sufriendo por la pandemia.

Ninguno de los dos candidatos que han llegado a la segunda vuelta fue la opción de la mayoría de peruanos. En la primera, el candidato de Perú Libre obtuvo 19 % de los votos y Fujimori el 13%. Con esos porcentajes pasaron a la segunda vuelta dos candidatos que han sido considerados un peligro. Y donde para muchos no había posibilidad de elegir entre el mal menor.

La campaña, se tiene que reconocer, ha sido vergonzosamente desigual. La candidata Fujimori ha tenido el apoyo abierto de gran parte de los medios de comunicación, que en el caso de América TV y Canal N, anoche explotó con la revelación de que un grupo de periodistas fue llevado al extremo de renunciar, por defender su posición de mantener independencia y cobertura imparcial. Pero no ha sido todo. Se ha conocido de empresas que han “recomendado“, amenazado y ofrecido bonos a sus trabajadores para que voten por la candidata que ya acumuló tres participaciones en segundas vueltas presidenciales. Y en medio de todo ello, insultos entre los electores, diatribas que se alimentaron con los mensajes de miedo y de desprecio que se lanzaron en la campaña.

El país ha sido quebrado por el odio, y parece que ahora mismo se le pretendiera arrastrar al caos social, como si la triple crisis, de salud y económica, por la pandemia del covid-19; y política derivada del enfrentamiento entre Ejecutivo y Legislativo, que ya se vivía, no fueran suficientes. Es hora de que los peruanos se desmarquen de cualquier posición extrema que pretenda llevarnos al caos. Es imperativo, por la salud de la democracia, que se exija respeto al proceso electoral y a sus resultados. Se tiene que parar la ola de odio que se destila especialmente en las redes sociales, no solo con insultos; sino con movimientos absurdos, como de boicot contra el sur o la sierra por la forma como han votado. Si en esta elección no sacamos lecciones mínimas y no reconocemos lo que se ha venido haciendo mal, estaremos condenándonos a más políticos y gobernantes corruptos o improvisados. Recuerde que en cualquier caso, la mitad de los electores no verá ganar a su opción. Si los políticos que se tienen como líderes no dan la talla, es necesario que el ciudadano lo haga. Los tiempos que vienen podrían ser de más enfrentamiento, de más obstáculos; y ahora mismo tenemos un Congreso legislando sobre situaciones vitales a las que no se les está prestando atención. Es hora de que los ciudadanos tomen conciencia que el deber no consiste sólo en votar.

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