Dolor y Aprendizaje

Hoy 16 de marzo se cumple un año desde que el gobierno nacional dictó el estado de emergencia nacional debido a la pandemia por la covid-19. La primera y más notoria medida que dictó la autoridad fue el confinamiento obligatorio, el cual se fue extendiendo semana a semana por largos meses. Desde ese hecho hasta la vacunación del personal de salud y el inicio de la vacunación a los adultos mayores se han producido un sinnúmero de situaciones inesperadas y desconocidas para la mayoría de peruanos.

Miles de familias en Perú han despedido a sus seres queridos, en uno de los hechos que probablemente más haya marcado este último año. Las cifras oficiales del Minsa reconocen la muerte de aproximadamente 49 mil personas por la covid-19. En este aspecto se debe resaltar que mientras el índice de letalidad nacional es de 3.47%, el índice de letalidad de la región La Libertad es de 6.10%. En medio de la crisis que implica la segunda ola se debe exigir un análisis concienzudo que encuentre las causas por las cuales La Libertad ostenta el más alto índice de letalidad de todas las regiones del país. En el penoso ranking le siguen Lambayeque con 5,53% e Ica con 5.50%.

Las otras pérdidas han sido las económicas. Empresas que han quebrado, que debieron reducir número de trabajadores; que sobreviven con préstamos y con el esfuerzo de sus colaboradores. No hay actividad económica que no se haya visto afectada por la pandemia; unas más que otras. Los salvatajes económicos enviados por el Estado para las familias y las empresas no han sido suficientes debido a la magnitud de la crisis.

En este año hemos aprendido a valorar a los servidores que han estado y permanecen en la primera línea cumpliendo con su deber y servicio. Pero también hemos confirmado que existen grupos de seres humanos para los que sus intereses personales y particulares son primero, capaces de producir y sembrar desinformación para sacar provecho del caos social.

Hemos confirmado que la clase política no siempre está a la altura de lo que demandan las más difíciles circunstancias. La peor expresión han sido los políticos que han infestado el Congreso y el Ejecutivo, los que se aprovecharon de su posición de poder para desviar a su favor, y a favor de sus conocidos, las vacunas que no les correspondían.

Una vez más quedó demostrado que los principales problemas de Perú no pasan sólo por la carencia y deficiencia de servicios esenciales, como la salud y la educación. Se hizo evidente que hace falta una profunda limpieza y depuración de los actores que ostentan el poder político. El aprovechamiento se ha visto en todos los niveles de gobierno, como en las campañas "de donación", de salud, con pura pose politiquera que se desplegó desde diversos gobiernos municipales.

La pandemia no ha terminado y un año después, corresponde a los ciudadanos demostrar que hemos aprendido a cuidar de nuestra salud, pero sobre todo de la salud de nuestro prójimo, con respeto, con solidaridad, con empatía.

Sobre el autor

María del Carmen Ballena

Periodista