Aprovechándose del Cargo

La indignación domina a la mayoría de ciudadanos del país tras conocerse que alrededor de 500 personas recibieron la vacuna de Sinopharm fuera del ensayo clínico. Se tiene que distinguir que hay un grupo de unos 12,000 voluntarios que respondieron a la convocatoria para un ensayo clínico, a cargo de la Universidad Cayetano Heredia y la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, bajo las condiciones que exigen este tipo de investigaciones. Estas personas respondieron por un deber cívico, y colaboraron con la ciencia. El ensayo clínico consiste en que algunos recibieron la vacuna, otros recibieron un placebo, con fines estrictamente de investigación.

Sin embargo un paquete de 3,200 vacunas que llegaron supuestamente para el equipo de investigación, ha sido usado de manera que recién se está conociendo. El destape del caso que hoy se conoce como Vacunagate comenzó con la revelación de que el expresidente Martín Vizcarra y su esposa se vacunaron. Luego el presidente reconocería que su hermano también fue vacunado. Vizcarra pretendió evadir su responsabilidad diciendo que fue parte de los voluntarios, lo que ha sido desmentido por el equipo de investigación.

Ante la presión ciudadana que exige conocer quiénes más recibieron las vacunas, se reveló una lista de 487 personas. Allí figuran los propios investigadores que dirigen el ensayo, médicos, rectores, vicerrectores de las universidades que dirigen el ensayo, las ex ministras de Salud y de Relaciones Exteriores, funcionarios públicos, empresarios, familiares y amigos selectos de estos. Pero es evidente que la lista no está completa, que hay otros más, cuyos nombres aun no han sido revelados.

Algunos de los involucrados, como las ex ministras y los propios médicos e investigadores han tratado de excusarse hablando de ‘errores’; e incluso argumentando que no podían enfermarse y necesitaban protegerse por el trabajo que desempeñaban, por la edad, por comorbilidades. Sin embargo la forma como se manejó la aplicación de estas vacunas es lo que se cuestiona. Nunca hubo transparencia en la forma como se distribuyó la vacuna, o como se seleccionó a los beneficiarios. Es evidente que quienes tenían poder, un buen contacto, e influencia, lo ejercieron para su beneficio personal y de sus allegados, para proteger su salud, por encima de los demás, aprovechando sus privilegios.

Se rechaza que se haya tratado de un error porque no fue algo accidental. La aplicación de la vacuna implicó tomar una decisión, alguien se los ofreció y decidieron aceptarlo; o peor aún, buscaron el contacto y solicitaron el beneficio. Se espera que la investigación fiscal sea profunda, exhaustiva y se determinen las responsabilidades de los involucrados. Aunque la sanción no sanará la indignación que sufren los peruanos.

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