Por la Provincia de Pacasmayo

La provincia de Pacasmayo cumple hoy 156 años de creación política, una conmemoración que debe obligar a la reflexión de ciudadanos, gobernantes y autoridades, más allá de los discursos pomposos por la fecha. Es necesario, para mirar lo que se ha logrado y lo mucho que falta por hacer, y que demanda la participación y el compromiso ciudadano, un compromiso que debe ser colaborativo pero sobre todo exigente con sus autoridades.

La pandemia y los recientes sucesos políticos han develado las pésimas condiciones en que se vive debido a diversos factores, principalmente por culpa de la corrupción que controla los gobiernos sucesivamente y asalta las arcas estatales afectando directamente la salud y la vida de las personas. La corrupción no es un problema del gobierno nacional. Afecta a todos los niveles de gobierno, especialmente a las municipalidades.

Es en ‘provincias’, como se nos llama desde Lima, donde las condiciones críticas del sector Salud se evidencian con mayor intensidad, causando enorme dolor, como ha ocurrido con el brote de la pandemia covid-19. Los servicios de salud no son solo deficientes porque no existen en infraestructura y en equipos para cubrir la demanda; sino que se ha hecho más evidente la presencia de puestos y centros de salud que tuvieron inversión del Estado para su construcción, pero que quedaron allí olvidados, abandonados, cerrados. En el caso de los que quedan equipados, con el riesgo de ser desmantelados.

La ausencia, como la deficiencia, de los servicios de agua y alcantarillado ha vuelto a concitar la atención, debido a que la pandemia protocolos y cuidados de higiene que deberían ser habituales. En pleno siglo 21, esto resulta un privilegio del que solo algunos pueden gozar. Si hacemos una revisión exhaustiva y profunda se podrá comprobar que un alto porcentaje de localidades de la provincia carecen de este servicio en condiciones idóneas; o padecen por el mal servicio.

El ordenamiento territorial sigue siendo un mero ofrecimiento que cada cierto tiempo cuesta miles de soles en contratos con consultores. La realidad explota a los ojos. Un recorrido a lo largo de los distritos evidenciará la presencia de invasiones en diversos sectores. Y alternando con aquellas, los basurales creciendo y contaminando.

No se trata de optimismo. Si queremos realmente honrar a quienes forjaron estos pueblos desde los tiempos ancestrales, es hora de recuperar su ímpetu, sus enseñanzas básicas, el no robar, por ejemplo. Contribuir con los gobiernos sí, pero ejercer control también y exigir transparencia. El desarrollo tiene que lograrse y alcanzar a todos, con justicia, con equidad. Por Pacasmayo, por el valle Jequetepeque y por cada uno de sus habitantes, hagámoslo.

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