Con el Esfuerzo de Todos, Por el Perú


La elección de la mesa directiva del Congreso, este lunes 16, está devolviendo al país al orden constitucional, después de quedar a la deriva, sin presidente de la República. Sin duda las marchas que han protagonizado miles de jóvenes en las calles de todo el país han sido decisivas para confrontar y arrinconar a los políticos oportunistas que habían capturado el poder, tras acordar la destitución de Martín Vizcarra, el lunes 9.

El daño que los congresistas han causado al país es profundo y debe ser reparado con creces. La elección de Francisco Sagasti Hochhausler, ayer, como presidente del Congreso, cargo que dejará hoy para asumir la presidencia del Perú, ha devuelto algo de tranquilidad. Su discurso al asumir la presidencia del Congreso, y sus primeras declaraciones a la prensa han sido de autocrítica, en nombre de todo el Congreso; ha mostrado respeto por la protesta ciudadana, resaltando especialmente la lección que están dando los jóvenes en la defensa de las instituciones.

Un hecho que no puede pasar desapercibido es que Sagasti ha asumido la presidencia del Congreso exactamente 20 años después de que don Valentín Paniagua hiciera lo propio en el gobierno de la transición, tras la destitución de Alberto Fujimori en el año 2000. Es una muestra de cuántos pendientes se han ido postergando en la agenda nacional; y de cómo el país no ha podido desprenderse de la herencia fujimontesinista que ha impregnado el Estado y aún lo condiciona, en la forma de elección de congresistas, por ejemplo.

Así como es indispensable garantizar la lucha contra la corrupción y la independencia de poderes, es necesario reclamar la reforma política. De lo contrario, seguiremos teniendo candidatos oportunistas, improvisados, sujetos con prontuario, con posibilidades de llegar al poder. En esas condiciones la elección de los mejores se hace casi imposible. Las famosas elecciones internas, es un secreto a voces, son un mero formalismo, ya que en la práctica las candidaturas se consiguen en virtud de los nexos familiares, amicales y según cuánto se pueda aportar. Ese tráfico desvirtúa completamente la política y hace más difícil que ciudadanos y profesionales decentes consideren la posibilidad de incursionar en ella.

No es mucho lo que se puede pedir al congreso actual. En esencia siguen siendo los mismos que nos condujeron a esta crisis, lo que obliga a mantener vigilancia sobre los próximos proyectos de ley que pretendan sacar adelante, y sus actos en general. Sin embargo la ciudadanía vuelve a recuperar la esperanza de que los meses que vienen hasta el nuevo gobierno puedan ser conducidos con responsabilidad, manteniendo la independencia de poderes, y tratando de mantener a raya a los corruptos.

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