No Es Una Crisis Más

Hoy los peruanos asistiremos a un nuevo proceso de vacancia contra el presidente Martín Vizcarra, en el seno del Congreso de la República. Es el segundo pedido de vacancia en menos de dos meses. Tras el debate, que debe iniciarse luego del proceso de sustentación y defensa, respectivos, se procederá a la votación y será cuando finalmente se conozca el desenlace, probablemente en horas de la noche.

Como se ha hecho común en cada crisis por la que atraviesa nuestro país, hay argumentos “legales“ y sobre todo de carácter político para cada posición, según lo que se pretenda defender. Si el presidente debe ser vacado, sobran los argumentos; si el presidente no debe ser vacado también abundan las justificaciones.

Lamentablemente a estas alturas pareciera que nadie decente queda en los gobiernos, que todos sacan su tajada, que todos se quieren comer la torta. Es precisamente por esta razón que cada denuncia debidamente fundamentada que se encuentre en el Ministerio Público tiene que ser investigada, con probidad y transparencia, en los tiempos adecuados, al margen de quién se trate. Pero ni siquiera el Poder Judicial, ni el Ministerio Público, están exentos de corrupción.

Menos lo está el Congreso de la República, que ha sido convertido en guarida de sujetos que deberían estar respondiendo a la justicia por las sospechas que penden sobre ellos. Y estamos hablando de delitos tan graves como lavado de activos y hasta homicidio, pasando cómo no, por los que tienen que ver con corrupción. Esos son los personajes que hablan de moral y ética. Sujetos que no han dudado en anteponer sus intereses personales y los intereses de su partido, o de su organización económica, por encima de los peruanos y del país.

Si, como apuntan los testimonios filtrados de aspirantes a colaboradores eficaces, el presidente Martín Vizcarra solicitó y recibió 2.3 millones de soles en coimas por dos obras, cuando fue presidente regional de Moquegua, la justicia lo deberá procesar y sentenciar, como corresponde. Aunque de ser cierto, no habrá forma de que repare el daño que le habría causado a la Nación en el difícil proceso de lucha contra la corrupción.

No hay frase que alcance para reflejar lo que nuestro país vive. No es solo la incertidumbre y la inestabilidad, son también la desconfianza en las instituciones, la pérdida de credibilidad en la autoridad en general, que minan la concepción de Estado y de la propia Nación. Nuestro país no está destinado a ser salvado por un caudillo, somos los propios ciudadanos los que tenemos que librar esta lucha contra la corrupción y contra los corruptos, pero cada día, desde el lugar donde nos encontremos. Lo que no puede ocurrir es perder las esperanzas, ni las fuerzas en este difícil camino.

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