Corrupción en el Agro

Una evidente disputa por el control de la Junta de Usuarios del Valle Jequetepeque vuelve a sacudir el letargo en el que permanece sumido el sector agrícola. Es una pelea con todas las armas, influencias, y recursos que puede ostentar cada grupo; pero que ocurre en el peor momento, por el déficit hídrico que azota al norte del Perú.

En estos momentos todas las organizaciones relacionadas directa o indirectamente a la gestión del agua deberían estar trabajando para tratar de minimizar los efectos de la crisis que ya estamos viviendo por la escasez de agua, en medio además de una pandemia por covid-19. Las condiciones no pueden ser peores.

Y sin embargo estamos enfrentando una pugna en la que hay cuestiones que recriminar a todos los involucrados. A unos por no desplegar una lucha efectiva y oportuna contra la corrupción y erradicarla de raíz apenas se recibe una representación por encargo. A los otros porque su desempeño no ha sido precisamente de fiscalización, ni de enfrentamiento contra la corrupción, sino de permisividad y hasta de participación conjunta.

Nuestros agricultores padecen, por años, la corrupción enquistada en las organizaciones que deberían garantizar el buen uso de los recursos económicos que se recaudan por concepto de agua; y el manejo adecuado del recurso hídrico. Nuestros hombres y mujeres de campo soportan privilegios en la repartición del agua; son sometidos a trato vejatorio, donde sus voces y opiniones no cuentan, y solo son convocados cuando se necesita hacer bulla, y pretenden tratarlos como si fueran borregos que solo siguen consignas. Nada de esto ha cambiado.

Para terminar de enturbiar el panorama, en el que abundan los rabos de paja y escasean las manos limpias, se tiene la intromisión de políticos que participan tomando partido, como si se tratara de un campeonato; pero que no muestran interés por llegar al fondo del asunto, a las raíces del problema para actuar conforme a la norma, a la ley, pero sobre todo en defensa de un estado de derecho y en contra de la corrupción.

Cuidado, que como suele pasar en estas situaciones, hay mucho por ganar y perder, empezando por los privilegiados a los que la emergencia hídrica no les afecta. Cuidado que en las disputas y pugnas se está perdiendo de vista la imperiosa necesidad de adoptar acciones de amortiguamiento frente a la crisis.

En toda esta situación, el Estado Peruano, a través de sus organismos del sector, ha venido desempeñando un papel que se mueve según la influencia política de turno. Basta ya. No se puede seguir soportando arbitrariedades en favor de ciertos grupos y en perjuicio de la mayoría. En el sector hay corrupción, hay corruptos y lamentablemente siguen sueltos en plaza, operando a través de sus cómplices.

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