Feria por Conseguir Partido

Un año ha transcurrido desde que el presidente Martín Vizcarra disolvió el Congreso elegido para el período 2016-2021. Los miembros de ese poder denigraron a la institución con su comportamiento obstruccionista. La mayoría integrada por Fuerza Popular era controlada políticamente a través de continuos mensajes por su lideresa, quien no había aceptado la derrota en las urnas. Los efectos de su venganza política afectaron a todo el país.

El Congreso disuelto se movía al compás de la revancha y el apetito político, posponiendo cualquier posibilidad de llevar adelante proyectos en favor de la nación. Han quedado las evidencias de cómo se postergaba propuestas políticas que emanaban de la necesidad de las regiones solo porque no eran convenientes a los intereses de Fuerza Popular.

Eso no fue todo. Se sumó el blindaje férreo que los congresistas hicieron a favor de los vinculados a la organización Los Cuellos Blancos del Puerto. Por ejemplo, impidiendo cualquier investigación a altos magistrados y contra los propios congresistas envueltos no solo en escándalos sino en la comisión de diversos delitos. Su protección a los corruptos fue una marca de identificación indeleble.

Doce meses después, los peruanos padecen a 130 ‘nuevos’ congresistas que no son mejores que los disueltos. Sujetos sin principios, con su decisión hipotecada a intereses partidarios y de ciertos grupos económicos. Politiqueros que por llevar votos a su organización son capaces de ir contra la Constitución y las normas vigentes, dictando medidas populistas solo para ganar simpatías electorales.

A escasos meses de ir a las urnas nuevamente, para elegir presidente y congresistas, los peruanos asisten actualmente a una feria donde confluyen ambiciosos políticos y partidos que más parecen vientres de alquiler. Los que aspiran a ser candidatos se venden al mejor postor; o pujan haciendo su mejor oferta para ganarse una buena ubicación en las listas congresales. Mientras tanto, los partidos vientres de alquiler, sin militantes organizados ni con un credo político, salen a pescar a los más revoltosos, confrontacionales, los que pueden llamar la atención y llevarles votos, no importan sus credenciales profesionales, ni morales.

Así se hace “política” en el país. Partidos concurridos por oportunistas -que cada cinco o 4 años, según la elección que se trate- se mueven de un partido a otro. Del Apra al fujimorismo; del fujimorismo a algún partido “nuevo“; de los llamados partidos tradicionales a cualquiera de los nuevos nacidos del momento. Sin ideario político, sin compromisos transparentes.

Todo ello debe cambiar, pero se requieren profundas reformas políticas, modificando las leyes actuales. Eso es lo que la mayoría de los congresistas rechazan porque no conviene a sus intereses. Son los partidos los que ponen a esos candidatos que no merecemos. Un perfecto círculo de poder corrupto.

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