Deber Ciudadano

Corresponde a los ciudadanos reconocer que en la situación actual se debe asumir el compromiso de cumplir con las medidas de bioseguridad para la prevención del Covid-19. En los momentos de crisis, de carencias, y de propagación de la enfermedad, evitar contraer el virus es una forma efectiva de proteger no solo la salud personal, sino la de la familia, y la salud de los demás, de quienes están próximos.

Sí se debe tener presente que, de acuerdo a las cifras mundiales que se han dado a conocer, el 80% de los pacientes de Covid-19 deben superar la enfermedad sin mayores complicaciones en su salud; pero un 15% necesitará atención hospitalaria, y un 5% fallecerá. Lamentablemente hay casos de personas jóvenes, aparentemente de buena salud, que han sufrido grave deterioro y han fallecido, lo que abona aún más a esforzarse en la prevención, para evitar adquirir el virus.

El gobierno y las autoridades de salud se refieren a la “nueva normalidad”, invocando el cumplimiento de las normas que obligan a mantener distancia social, el uso de la mascarilla, evitar las reuniones, evitar las aglomeraciones, y el lavado de manos. Estas medidas tienen que ser adoptadas como parte de esta nueva normalidad, porque se quedarán entre nosotros por mucho tiempo más.

Difícilmente se podrá volver a la vida antes de la pandemia, a los abrazos, las reuniones de muchas personas en locales cerrados. Probablemente la forma de vida que hemos conocido hasta marzo de este año, no volverá. Es también altamente probable que las cuarentenas focalizadas continúen según regiones y provincias, para obligar a un acatamiento de normas restrictivas. Es parte de poder continuar adelante, aceptar estas condiciones con responsabilidad y solidaridad hacia los más necesitados.

Nuestros países han sufrido -y siguen soportando- el impacto económico por las medidas dictadas para proteger la salud. La crisis afecta a millones de hogares de todo el mundo pero en mayor magnitud a los hogares más desamparados, como siempre ocurre en períodos difíciles. En las ciudades con mejores condiciones económicas se ignora el drama que se vive en los hogares que se sostienen con el ingreso del día a día como son los hombres del campo, los pescadores, los artesanos, los artistas, los llenadores y cobradores de vehículos de servicio público, los lustrabotas, los canillitas, los pequeños comerciantes, o los informales, los colectiveros, los mototaxistas, los estibadores, los peluqueros y una larga e interminable lista de oficios.

Mientras más dure la pandemia, más se afectarán los más humildes. Por ello se necesita además de la acción gubernamental, el compromiso ciudadano. Corresponde reconocer si cada uno está siendo responsable para ayudar en la lucha contra la pandemia, desde las actitudes en el hogar, como en los espacios públicos y en el cuidado del ambiente.

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