Fuerza Ciudadana


Las organizaciones ciudadanas, que existían antes de la pandemia Covid-19, y las que se han formado a raíz de la emergencia que se está viviendo, siguen dando las mejores muestras de esfuerzo, trabajo conjunto, organización, servicio público y de amor al prójimo.

Lo hemos visto en Chepén, en Pacanga, en Pueblo Nuevo, en Guadalupe, en Jequetepeque, en San José, en San Pedro de Lloc y en Pacasmayo, lugares donde no existe una sola organización, sino varias dedicadas a diferentes labores, algunas actuando de modo intermitente, y otras con presencia sostenida. En algunas localidades con un trabajo más notorio que en otras, pero están.

Son ciudadanos y ciudadanas que se organizaron para vigilar las entradas y salidas de sus localidades, que limpian y desinfectan sus barrios y sus localidades, que reúnen alimentos y los llevan a los más necesitados, que recolectan abrigo para las familias más desfavorecidas, que captan donaciones, que organizan colectas, que impulsan atención médica, que están procesando y difundiendo información valiosa sobre la pandemia, o que orientan a los pacientes y los acompañan.

Son grupos organizados de voluntarios planificando acciones en base a información que les proveen especialistas, y entidades del Estado, son vecinos conectando a sus comunidades, armando redes de apoyo y sostenimiento. Han dado muestras de lo que los ciudadanos, incluso sin recursos económicos y sin la movilidad ni el personal con el que sí cuentan las municipalidades, son capaces de lograr.

Los momentos que se viven en nuestras comunidades son de profunda tristeza y dolor, por la emergencia sanitaria que no solo nos está arrebatando a seres queridos, sino que nos ha sumido en una severa crisis económica. En tales circunstancias, las organizaciones ciudadanas y de voluntarios, además de ser ejemplo de lo que con voluntad y transparencia se puede lograr, de toda la fuerza social que se puede movilizar, están llevando esperanza a miles de vecinos.

Es justo resaltar y agradecer a estos ciudadanos y ciudadanas. Les alentamos a continuar, a no desmayar, pese a lo difícil de su trabajo, en la mayoría de los casos sin la colaboración y hasta con la obstrucción de las propias autoridades, que no pueden dominar sus egos, sus celos, o su ambición política. Gracias voluntarios y voluntarias del valle Jequetepeque por demostrar que hay personas dispuestas al verdadero servicio.

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