Festín de Corruptos


Las revelaciones que viene haciendo la Contraloría General de la República sobre diversos hechos relacionados a las municipalidades del país debe llamar a reflexión a los regidores que se supone cumplen una función fiscalizadora.

Los informes de Contraloría sobre las famosas canastas de alimentos en el marco de la pandemia Covid-19 han revelado no solo sobrevaluación en las compras. Se ha sabido que personas que viven en pobreza y en extrema pobreza nunca recibieron las canastas. Pero sí se beneficiaron funcionarios públicos, gente con trabajo y sueldo, gente que tiene casa y carro, o que posee terrenos. Eso se llama corrupción, y es la otra epidemia que afecta al Perú, y que no se ha detenido.

Los regidores ¿saben realmente cuántas familias tienen a alguien enfermo? ¿saben cuántas familias están viviendo luto porque uno de sus seres queridos murió? En los centros poblados, en los asentamientos humanos, en las viviendas de dos o tres pisos, como en las casas más humildes, se viven dolorosas historias por la falta de trabajo, por la presencia de la enfermedad, por la falta de alimentos, por el apremio con que se sobrevive. Las familias no son culpables de lo que están sufriendo, dejen de señalarlos y de culparlos, y de pretender que carguen con toda la culpa de lo que pasa.

El gobierno nacional ha cometido errores pero también ha hecho esfuerzos y dictó normas que debían implementar los gobiernos locales. Los gobiernos regionales y locales no tomaron acciones a tiempo. La prueba más palpable es que no se tienen ni Comandos Covid-19, ni planes de contingencia, ni se ha convocado a la ciudadanía, ni se logra organizar ni limpiar los mercados, y creen que la solución es que sigan cerrados. Por último ni se coordina acciones interinstitucionales.

Si hubo quienes salieron en plena cuarentena, muchos lo hicieron para llevar un pan a su hogar. Por eso nadie puede ni debe ser señalado en un Estado lleno de carencias, por culpa -entre otros factores- de los corruptos, que no han dejado de sobrevalorar productos, ni siquiera en la pandemia; que han seguido direccionando compras a favor de sus allegados.

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