Día del Trabajador

En singular, y son excepcionales las condiciones, se recuerda este año 2020, el Día del Trabajo. Una vez más, el nuevo coronavirus se encarga de frustrar una celebración muy arraigada en el ámbito popular. Es que en las circunstancias ya conocidas por todos, se ha impuesto el aislamiento social y cuarentena, porque lo primordial es impedir concentraciones de personas para evitar el contagio, que ya ha arrasado con miles de vidas humanas en el mundo.

Nada puede ser más importante que resguardar la vida humana. Las actividades laborales prácticamente están paralizadas en todos los sectores productivos lo que ha conllevado a una grave recesión económica, que el mundo compara con la de 1920.

Pese a la singularidad de las condiciones de este primero de Mayo, no se puede ignorar la trascendencia de la fecha y el aporte de los trabajadores manuales e intelectuales a la construcción de nuestras comunidades y la generación de riqueza para sostener nuestros países.

Nada se podría hacer sin la riqueza que generan millones de manos en el mundo entero y que contribuyen a consolidar las economías nacionales y construir países. Corresponde al Estado y a los gobernantes garantizar condiciones dignas de vida que permitan una convivencia saludable, con seguridad, y bienestar. Pero, lo principal de un gobierno es asegurar una política de justicia social para que la riqueza producida por la mano del hombre se distribuya en forma justa.

Nos falta aún mucho para reconocer a los trabajadores en toda su dimensión; pero hoy no hacen falta las celebraciones abundantes, el consumo de licor ni la comida especial para festejar esta fecha. Hay que abogar porque se haga una justa distribución de la riqueza.

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