El Odio No Protege del Covid-19

En condiciones de crisis permanente, como la que estamos viviendo, es necesario pensar dos veces antes de emitir un comentario. Lamentablemente no es lo que está pasando. Las redes sociales, especialmente en Facebook, se lanzan a atacar a las personas, a vomitar odio contra pacientes o sospechosos de Covid-19. A estas alturas, no se puede buscar culpables, señalar, ni satanizar; mucho menos, desearle la muerte a una persona porque ha resultado infectada con el virus.

El odio no protege a nadie del Covid-19. Por el contrario nos está creando problemas adicionales, está promoviendo el bullying, la discriminación y hasta puede provocar violencia contra los pacientes de Covid-19 y sus familias.

Nadie está libre de contraer el virus porque estamos viviendo el contagio comunitario. Por eso mismo es necesario extremar cuidados, pero a nadie se le puede culpar por contagiarse.

Los primeros expuestos al virus son el personal de los centros hospitalarios, los policías, militares, trabajadores municipales que deben limpiar y recoger la basura, y los que se mantienen en los servicios públicos, en las calles o en oficinas; quienes trabajan en mercados, bodegas, bancos, y los periodistas, entre otros. Todos ellos tienen familia y, por su trabajo, pueden infectarse y llevar el virus a su hogar, a pesar de todas las protecciones que tomen.

No se trata de disculpar a los infractores que salen en pareja o en familia, a quienes se exponen irresponsablemente, por jugar fulbito, por visitar a los vecinos, que salen sin motivo a la calle. Pero en este momento, no es posible saber quién se contagió por su irresponsabilidad, y quién adquirió el virus por ser parte de los que están luchando en primera línea contra el virus.

Nuestra invocación a los ciudadanos, a controlar su miedo, sus sentimientos, a mantener el respeto por el prójimo, la solidaridad, ponerse en los zapatos del otro. Pero sobre todo a los gobernantes, a los responsables del sector Salud, a mantener los canales de información formales, no es hora de protagonismos, ni de salvar responsabilidades o achacar culpas. Se necesitan las mejores mentes y corazones para anteponer el bien común.

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