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Desorden Arrastra a Pacasmayo y Va Camino a Perder Nivel en el Sector Turismo

Pacasmayo Malecon Comederos

Día a día, por obra y omisión de las autoridades municipales, Pacasmayo pierde prestigio como destino turístico. Por el contrario, el desorden, la improvisación y la tugurización ganan espacio destruyendo el camino avanzado por las gestiones municipales precedentes y el Mincetur.

Si bien es cierto el comercio ambulatorio siempre ha tenido una actitud expectante en los veranos buscando los espacios para instalarse y desarrollar su actividad, en el pasado se vieron esfuerzos por ordenar el comercio informal y limitar actividades en resguardo del ornato de la ciudad y la seguridad de vecinos y visitantes.

Hoy el Malecón Grau ya no solo está ocupado por los artesanos. Desde las fiestas de fin de año se ha producido una invasión de vendedores que va en aumento. Se trata de vendedores de lentes, artesanos no empadronados, raspadilleros, heladeros, vendedores de comida. Resalta la presencia de un camión heladero privilegiado por la Municipalidad Distrital de Pacasmayo, ya que se provee de energía eléctrica de la Plazuela Grau.

Se debe anotar que hace un par de años, en un intento por ordenar la presencia de los artesanos, se les empadronó y dispuso su ubicación en el malecón bajo ciertas condiciones, pero todo ello se ha roto actualmente.

En la zona de las heladerías y bodeguitas del Malecón, que han convertido en chupódromo la zona, se sigue colocando altoparlantes a todo volumen, atrayendo a los consumidores de alcohol, amparados en la falta de autoridad.

Además se ha hecho común, especialmente en fines de semana, que grueso número de personas que visitan Pacasmayo recorren la ciudad pidiendo baños prestados. Al final, los postes de la ciudad, la zona de la playa, sobre todo bajo el Club Pacasmayo, el malecón y hasta las viviendas quedan convertidos en “baños” callejeros.

Al final del Malecón Grau, frente al Parque Infantil, los fines de semana el desorden se potencia por la presencia de un mercadillo de comidas al paso, justo en el entorno de un enorme letrero de la municipalidad que reza “Prohibida la Venta de Comida”.

Las fuentes de cebiche y depósitos de alimentos preparados están expuestos a los elementos volátiles de la zona que a pocos metros tiene la acequia que traslada aguas contaminadas. Lamentablemente los visitantes tampoco tienen muchas exigencias y consumen alimentos en medio de esas condiciones insalubres.

Las autoridades del sector Salud tienen trabajo por hacer en un espacio que la Municipalidad y la Marina han renunciado a ordenar.

La venta de alimentos tiene estrictos protocolos de salubridad que deben respetarse, ante la amenaza de enfermedades gastrointestinales, y hasta el Guillain Barré que sigue amenazando a la región.

Si se tiene en cuenta que en locales establecidos en la ciudad se han hallado serias deficiencias, habría que pensar cómo se encuentran los negocios instalados en la explanada de la playa, donde la Marina de Guerra tiene dominio y donde la Municipalidad tiene la obligación de regular el comercio.

En la playa, el caos y la suciedad campean. Ninguno de los propietarios de sillas y sombrillas quiere declarar a quién le pagan por instalar sus negocios en las arenas, que nada tienen de blancas. Pero sí lo han contado “off the record”. En Pacasmayo, el mar de Grau es el testigo mudo de todo el despelote.

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