Frenar Violencia


Recurriendo a un término médico, diremos que estamos viviendo una pandemia de violencia que va desde las agresiones mutuas a puñete y patada limpia hasta el ataque feroz con armas de fuego, armas blancas u objetos contundentes capaces de causar lesiones mortales. Se está haciendo común en el Valle Jequetepeque los ataques deliberados perpetrados por sicarios, así como los asaltos violentos.

¿Que nos está pasando? Es la pregunta recurrente que nos formulamos unos y otros tratando de encontrar una explicación al comportamiento humano que se da en forma tan brusca y rayana en la bestialidad. Puede decirse, mendazmente, que siempre ha habido violencia.

Sin embargo, si bien es cierto nunca han faltado discusiones, peleas, así como atracos; pero no en la proporción de hoy. Sin exagerar podemos decir que no hay día de la semana que no tengamos noticias que dan cuenta de un asalto con muertos por pretender robar. O, muertos a causa de ajuste de cuentas.

Lo lamentable es que hombres y mujeres figuran en las listas de víctimas y victimarios. Todos los esquemas conocidos parecen haber sido rotos. Tan lamentable como eso, es que las investigaciones para dar con autores de esas cobardes agresiones se hacen sin resultado alguno. Muchas son las muertes que han quedado en el anonimato, entre ellas las de Joel Quiroz Vásquez, en Chepén; y, José Cuyate Falla, en Guadalupe.

Ambos casos son los más emblemáticos porque las víctimas estaban en la lista de personajes que frontalmente hicieron múltiples denuncias de corrupción contra diferentes autoridades; así como por tráfico de terrenos sin que jamás se hubiese esclarecido uno de ellos, pese a la cantidad de indicios y pruebas que avalaron las denuncias.

Recordemos también el alevoso crimen de Antonio Martínez Sernaqué, dirigente de la Comunidad Campesina de Chepén, que fue asesinado en su casa en el centro poblado de Pacanguilla. Todo fue por haberse enfrentado a los invasores y acaparadores de terrenos eriazos de propiedad comunal.

Pero esta es solo una parte de la problemática delincuencial. Hay mucho pan por rebanar y hay que hacerlo para recordar que estamos ante un escenario de muerte del que ninguno estamos libres.

Asaltos y robos en horas del día y de la noche, extorsiones, asesinatos a manos de sicarios, robos, así como agresiones cobardes y miserables en agravio de mujeres. Todos son hechos de violencia repudiables que ameritan llevar a los responsables ante la justicia para que opere como corresponde. Lamentablemente lo común es que el agresor y el asesino, continúe libre, aumentando la desconfianza en al autoridad. Es necesario que Ministerio Público, como la policía, agoten esfuerzos para llevar a los asesinos y asaltantes ante los tribunales. No se puede seguir asistiendo impasible ante este atentado permanente contra la vida, y seguridad de las personas y contra la convivencia pacífica.

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