Inmunidad No Es Impunidad


Muchos, sino la mayoría de los integrantes del disuelto Congreso de la República entendían como sinónimos los conceptos de inmunidad e impunidad. Pese a que son diferentes en su acepción los utilizaban en el mismo sentido porque así convenía a sus intereses. Y así los aplicaban. Por eso, y otras razones, el Congreso se ganó el repudio general y casi toda la ciudadanía demandaba su cierre, Una minoría, y los muy fanáticos o incondicionales militantes de partidos comprometidos con la corrupción, están en contra de la disolución del Congreso. Son una minoría insignificante.

Al producirse la disolución no hubo disturbios. Por el contrario, la gente salió a las calles a festejar y respaldar al presidente Martín Vizcarra. Bien podía haber disuelto el Congreso y mandar a sus casas a los parlamentarios mucho antes y no lo hizo. Era tal la desvergüenza de los parlamentarios que los propios comprometidos en hechos delictivos sin mayor empacho salían a defender la aplicación de la inmunidad sin mayor calificación, salvo de calificar si el invocante era de sus filas o no.

Fue así cómo se gestó -bajo el amparo de Fuerza Popular, el Apra, APP y otros aliados manchados por la corrupción- el manto de la impunidad invocando su inmunidad. Tenían el poder en sus manos y tenían que aprovecharlo. Para eso emplearon la inmunidad. Con ella construyeron barricadas para protegerse y para proteger a sus incondicionales.

Producto de esa protección indebida tenemos excongresistas que tarde o temprano deberán pasar por los tribunales de justicia para responder por la comisión de presuntos delitos; y no por hechos derivados de la función que ejercieron. Valiéndose de la inmunidad tenían licencia para difamar y no les importaba de quién se tratase. La impresentable Yeny Vilcatoma calificó al Presidente Vizcarra de “mal nacido”, Las expresiones de congresistas (hombres y mujeres) eran vulgaridad de cantinas y de gente de la peor ralea. Pero no podía esperarse menos de quienes fueron reclutados y reclutadas del montón sin importar currículos, menos calificaciones éticas y morales.

No se equivocan quienes califican que el Congreso disuelto es el peor de nuestra historia. Y es que era un manojo de seres de la peor procedencia: investigados por tráfico de terrenos minería ilegal, lavado de activos, falsificación de documentos, tráfico de influencias y de drogas, tala ilegal de cientos de hectáreas de bosques, coimas y hasta hurto. Era un congreso de verdaderos delincuentes, salvo las excepciones honrosas que también serán recordadas.

Importa tener presentes estos y otros hechos para no permitir que nuevamente se estafe al Pueblo Peruano con delincuentes de la peor calaña.

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