Delincuentes Disfrazados de Policías


Provoca el repudio ciudadano que en hechos delictivos aparezcan comprometidos miembros de la Policía Nacional del Perú. Es insólito, repugnante y condenable que quienes tienen como misión velar por la seguridad pública y ser parte del sistema que garantice el cumplimiento de la ley, se pongan en contra de la ley y de la justicia.

De un lado están los policías como garantes de la ley; y del otro, están los malhechores los enemigos de la ley a los cuales hay que perseguir y poner frente a la justicia. El delincuente es delincuente y hay que tratarlo como tal. La identificación y captura de quienes se ponen en contra de la ley corresponde a la justicia. Así de claro.

Tres suboficiales de la PNP, en Paramonga (Lima), han sido denunciados por una joven de haber sido víctima de violación sexual por parte de esos tres sujetos que se comportaron como enemigos de la ley. Los delincuentes que vestían el uniforme policial han sido identificados como los suboficiales PNP Yonathan Ayala Jaramillo, Antonhy Moreno Gutiérrez y Ángel Solano Retuerto.

Los tres fueron detenidos desde el domingo 3 de noviembre para ser investigados por la Fiscalía Provincial de Barranca. Contra ellos, el juez de Investigación Preparatoria, que ve el caso, ya dictó 9 meses de prisión preventiva, en tanto que el comando policial -como no podía ser de otra manera- ha dispuesto la separación de esos malos elementos que deshonran el uniforme que orgullosamente utilizan otros policías que entienden lo sagrado de su deber y lo honran aun exponiendo sus propias vidas.

Lo ocurrido que sirva como ejemplo para quienes, pasando por alto la responsabilidad que asumieron cuando juraron ser garantes de la ley, se colocan al otro lado de la vereda, manchando el honor de sus padres. Suponemos que la justicia valorará los hechos como corresponde teniendo en cuenta, además, el grado de preparación de los agentes del orden que fueron entrenados para combatir a los delincuentes y no para seguir los pasos de pillos que son una vergüenza para la Policía y para sus familias.

No es el primer caso que se pone al descubierto a malhechores que como los policías antes mencionados traicionan a la confianza que el país ha depositado en ellos. Sin importar el rango que tengan, sujetos de esa calaña deben ser tratados como lo que son: delincuentes de baja monta que optaron por recorrer el camino equivocado. Ya sean oficiales de alto rango o simples policías hay que sancionarlos con la mayor severidad posible. Con mayor razón si se trata de capitanes, mayores, comandantes, coroneles y generales. Cuanto más alto sea el grado han alcanzado, mayor debe ser la pena.

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