Garantizar Acceso a Medicamentos Genéricos


El alto precio de las medicinas obligó al Gobierno a remitir al entonces vigente Congreso de la República un proyecto de ley obligando a las farmacias públicas y privadas a disponer de un stock de medicamentos genéricos para su venta. Estos productos tienen que ser ofrecidos, alternativamente, por los farmaceúticos y tienen un precio muy bajo en relación con los productos de marca que están fuera del alcance de la raleada economía de la mayoría de peruanos.

Pese a la urgencia que tiene ese proyecto por su contenido social y su beneficio en favor de millones de peruanos y peruanas que buscan desesperadamente la recuperación de su salud, lo que es un derecho que debe garantizar el Estado Peruano. Además de esas consideraciones, por una razón de humanidad, se trata de un proyecto de ley que se orienta a la gran mayoría de la población, aquella a la que los políticos dicen que se deben. Mentira.

El mayor desmentido lo dio el mismo Legislativo cuyos integrantes mantuvieron relegado ese proyecto sin importarles la urgencia y la necesidad de priorizar esa iniciativa. La postergación solo beneficia a la gran industria farmacéutica a cuyos intereses han defendido la mayoría que dominaba el Poder Legislativo.

La legislación sobre uso de los medicamentos genéricos ha merecido la atención necesaria en otros países de nuestra región e incluso en los llamados países del primer mundo. Resulta corrupción, abuso, atentado contra derechos de salud de las personas y una perversidad en un país, como el nuestro, que se niegue este acceso.

Hoy se espera que el Ejecutivo haga uso de su facultad para aprobar a través de un decreto de urgencia ese proyecto que fue encarpetado porque afectaba los intereses de una industria voraz sin considerar ni el bienestar, ni la vida de las personas.

Es falso que los medicamentos genéricos sean de ínfima calidad y que no tengan el mismo poder de los productos de marca. Esa es una gran mentira, que beneficia a la gran industria. Ya se ha descubierto que muchos productos necesarios para el tratamiento de pacientes afectados por el temido cáncer tienen un costo bajísimo. Sin embargo, se venden a precios exorbitantes que superan hasta en más de 400 y 500 por ciento del valor de su producción. Eso es un verdadero crimen.

No se puede tolerar que se comercialice a costa de la salud de la población. Es hora de despertar y no volver a elegir a lobos vestidos de ovejas que buscan - y acceden al poder- para formar lobbies en favor de los grandes grupos económicos.

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