Entretenimiento de la Peor Calidad

Muy poco se reclama por un cambio en cuanto a los programas de entretenimiento de la televisión peruana, ya sean realitys, cómicos o de espectáculos. No es un prurito de criticar, sino un llamado a quienes tienen que ver con el tema, los productores, protagonistas, artistas y los propios periodistas que cubren las noticias de ese campo. Pero la invocación debe extenderse más allá, a las marcas auspiciadoras y a los consumidores de TV.

Es de lamentar la calidad de no pocos programas televisivos destinados a entretener a niños, jóvenes y adultos. Lo supuestamente cómico, suele recurrir a la vulgaridad, a la grosería, al insulto, la chabacanería y hasta al racismo. Con el cuento de que “eso le gusta a la gente” se idean libretos inapropiados incluso para la gente adulta porque se llega al sarcasmo y a mostrar escenas escabrosas a las que tienen acceso menores de edad porque son programas que se emiten en horarios familiares.

En cuanto a los programas “noticiosos” sobre la vida del espectáculo da vergüenza la forma como han degenerado hasta ser secuencias de chismes donde no se respeta el derecho a la privacidad, ni al honor de las personas y de las familias.

Lo más lamentable es cómo las barbaridades televisivas tienen amplia acogida hasta en los periódicos que son considerados serios. Se han dejado arrastrar por la corriente de atraer audiencia del modo más barato y efectivo, con sensacionalismo, contenidos falsos, y de dudosa procedencia, con tal de sintonizar con la tendencia.

Hay cosas que se han normalizado y se han hecho parte del menú periodistico diario, pese a su irrelevancia. Si un artista besó o abrazó a una compañera inmediatamente se magnifica, se especula y se crea la sensación de adulterio. Si la compañera de un programa se olvidó de saludar, por su cumpleaños, al colega que la acompaña lo convierten en “noticia” de la cual se ocupan hasta dos días. Asuntos particulares, corrientes y sin trascendencia son elevados al nivel de noticias que buscan acaparar la atención y conseguir la mayor audiencia.

Y qué decir de los noticieros que tienen en agenda un accidente o un crimen hasta por una semana, redundando en lo mismo, o exacerbando la especulación y sospecha.

Es necesario que los periodistas también reflexionemos sobre el rol que nos corresponde, para contribuir a construir una sociedad mejor. Pero sobre todo son las audiencias las que tienen que exigir, con los programas que eligen consumir, y con una efectiva movilización, la defensa de sus derechos como consumidores. Hay un hecho claro y objetivo y es que la televisión, como la radio, a diferencia de otros medios, utiliza el espectro electromagnético, o radioeléctrico, el cual es administrado y regulado por el Estado, porque se trata de un bien o patrimonio común. Es decir que no puede ser propiedad de ninguna empresa, ni particular. No se debe permitir pues el aprovechamiento económico que hacen las empresas privadas de televisión de ese bien común, porque además explotan los peores instintos de las audiencias. Es necesario educar a nuestros niños en el consumo de contenidos informativos, noticiosos y de entretenimiento. Será la mejor defensa contra la pobre y dañina oferta que actualmente se les presenta.

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