198 Años de Independencia

Los peruanos nos aprestamos a celebrar el 198 aniversario de la independencia nacional. Lo hacemos en medio de un clima políticamente nada auspicioso. Pero, eso no debe ser motivo para desalentarnos. Por el contrario, debe motivarnos a seguir adelante hasta doblegar a las fuerzas corruptas que pretenden seguir gobernando en alianza con los grupos más detestables que siempre se han impuesto. Es hora de decirles que eso debe terminar. Debemos enrumbarnos decididamente a un bicentenario con un país totalmente diferente.

Este aniversario nos encuentra en plena lucha para liberarnos de quienes bajo el disfraz de partidos políticos se han apropiado del país manejándolo a su antojo y en beneficio de sus propios intereses y de los grupos que los auspician y para los cuales gobiernan. Sus promesas de gobernar por los más necesitados, para atender las necesidades básicas de las mayorías, eran solamente mentiras a través de las cuales llegaron al poder. Su interés ha sido usufructuar del poder para exclusivo beneficio personal y partidario.

Y una de las muestras palpables de ello es que a pesar de los miles de millones que supuestamente se invierten, anualmente, en diversos servicios y obras públicas; y a pesar de los años de crecimiento económico que experimenta el Perú, y que la comunidad internacional aplaude, siguen las marcadas diferencias entre los peruanos. Es porque los millones destinados a obras públicas y al mejoramiento de servicio terminan en el bolsillo de delincuentes disfrazados de gobernantes y de repudiables sujetos que se prestan para ello, desde funcionarios públicos hasta los propios empresarios. Se suman al irreparable daño que se ejerce contra los peruanos malos jueces y fiscales que respaldan el corrupto poder político, en una simbiosis que recién se ha podido descubrir en su máxima magnitud a raíz de los casos conocidos como Lava Jato, Odebrecht y Cuellos Blancos del Puerto.

Pero no son los únicos casos no se puede perder de vista la corrupción descubierta en gobiernos regionales como el de Ancash, en la gestión pasada, con asesinatos de por medio; ni las investigaciones que involucran al pasado gobierno municipal de Chiclayo; o la investigación actual en el mismo Chiclayo y que llega hasta congresistas.

Son los peruanos más humildes, quienes más necesidades tienen, los que pagan con su propia vida el robo que ejercen los corruptos de todos los niveles. No permitamos que eso continúe. Si queremos un país orgulloso de lo que fue en el pasado glorioso de la época del incanato, esforcémonos por lograrlo. Para eso necesitamos comenzar por nosotros mismos cumpliendo con la ley y exigiendo a quienes nos gobiernan lo hagan con apego a principios éticos y morales que deben ser el faro que guíe a nuestro país. Exijamos un Poder Judicial y un Ministerio Público absolutamente imparciales, libres de ataduras y presiones políticas, independientes y confiables. Pero también demandamos honestidad de nuestras autoridades y gobiernos del nivel local. Basta de palabras, es hora de que lo demuestren.

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