Las Cadenas Perpetuas por El Plan Cóndor

La sentencia que la justicia italiana acaba de dictar en segunda instancia contra el ex presidente peruano Francisco Morales Bermúdez, por la ejecución de ciudadanos italianos en la represión militar que vivió América Latina hace 40 años, probablemente solo quede anotada en la historia y nunca se ejecute. Pero ello no disminuye su significado, ni trascendencia.

Morales Bermúdez es uno de los 24 militares condenados a cadena perpetua al ser hallados culpables de "homicidio voluntario" por la desaparición de ciudadanos de raíces italianas, durante lo que se denominó Operación Cóndor. Este fue un plan que ejecutaron los gobiernos militares de Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, con el dictador chileno Augusto Pinochet a la cabeza, en las décadas de los años 70 y 80 para mantenerse en el poder.

En su defensa, y en el momento, Morales Bermúdez hoy de 97 años, y aquejado por dolencias propias de la edad, declaró que nunca tuvo participación en el Plan Cóndor, y que ni siquiera lo conoció, porque delegó la política interna en sus ministros. Presidente de facto entre los años 1975 y 1980, Morales Bermúdez aseveró -cuando se conoció la sentencia del 2017, en primera instancia- que nunca tuvo intención de aferrarse al poder, y que se trazó una transición democrática que se cumplió con la elección de Fernando Belaúnde Terry. Esa es su defensa y su dicho.

En lo que no hay dudas es respecto a lo que sucedió, especialmente en Argentina y Chile. Como tampoco se duda que el Plan Cóndor existió. Primero la historia, y tardíamente la justicia, han determinado que los militares que gobernaban los países del llamado cono sur se aliaron para perseguir y capturar a los que consideraban sus enemigos políticos, principalmente activistas, militantes y dirigentes de izquierda, y opositores a los regímenes dictatoriales.

Se trató de una persecución a muerte que practicaron los Estados, fue terrorismo de estado, crímenes de lesa humanidad contra ciudadanos, a los que se combatió asesinándolos, solo por tener distintas ideas políticas.

Es este uno de los peores capítulos de la historia de América, y siempre es momento para que sea revisada, conocida, analizada. Los crímenes dejaron familias destrozadas, e incluso se traficó con los hijos de las víctimas, como pasó en Argentina. Pero además estos oscuros años terminaron por privar a las naciones del talento, fuerza, e inteligencia de hombres y mujeres dedicados a diferentes oficios y profesiones, la literatura, el derecho, el periodismo, las artes, la política, con ideas distintas, sí; pero no por ello equivocados. Lo irracional, lo inhumano, lo criminal, fue perseguir y asesinar a quienes pensaban distinto. La justicia que se pretende ejercer puede servir para la discusión pero sobre todo para asentar valores en defensa del respeto, especialmente por la vida.

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