Transporte: ¿Y el Usuario?

Pleno Mpp 3

Entre el jueves 20 y el viernes 21 hubo movimiento en el sector del transporte, reclaman a la Municipalidad Provincial de Pacasmayo cumplir con la ley, aunque con distinto interés. Las empresas de transporte de pasajeros, en autos y combis, formales, y los llamados informales, han puesto en agenda algunos de los problemas sobre los cuales demandan solución.

Los dos grupos, cara a cara, expresaron sus posiciones reclamando para sí garantizar el derecho al trabajo. Todos tienen familia y la necesidad de cubrir las demandas del núcleo social son bastantes, y justificadas.

Sin embargo en el cruce de posiciones, algunos con evidentes aliados dentro del concejo provincial de Pacasmayo, han olvidado la participación de un tercer sujeto involucrado: el usuario.

Si ha llegado la hora de enfrentar el dilema de abrir o mantener un parque automotor dedicado al servicio del transporte público, debe encararse con la ley en la mano, pero con los ojos bien abiertos. Las normas se han hecho teniendo como fin máximo el bienestar, la seguridad del ciudadano, del usuario del servicio.

Nuestro transporte, por más que tenga instrumentos legales locales que lo regulan, es un verdadero caos. Es la realidad. Las flotas vehiculares, desde hace muchos años, son como la mina de oro de malos dirigentes. Compra y venta de líneas a propietarios golondrinos y el uso de vehículos que no cuentan con las características exigidas por el Ministerio de Transportes para cubrir el servicio. En los últimos años se han visto autos de menos de 1 tonelada de peso y cilindrada inferior a los 1450 cc, pero esta infracción al Reglamento Nacional de Tránsito no la quieren ver. Ocurre en las provincias de Chepén y Pacasmayo. Tampoco se cierre los ojos a los informales. Quienes pretenden formalizarse también tienen entre sus filas estos vehículos que no cumplen con la ley.

A esto debe añadirse que en los últimos meses se ha visto una inesperada invasión de “cañas”, choferes extranjeros, que nadie sabe si cumplen con los requisitos mínimos para prestar el servicio. Téngase presente que muchos nacionales tampoco cumplen los requisitos, pero parece no importar.

La necesaria inscripción de las unidades en el registro Sunarp de vehículos de servicio público tampoco se cumple, ocasionando que cualquier unidad entre y salga de los comités sin que la autoridad contemple estas irregularidades, que no solo hacen del transporte formal una pantalla, sino que atentan contra la seguridad de los usuarios.

Los paraderos establecidos en cualquier lugar y a criterio de los transportistas tampoco son atacados, especialmente los informales y en horas en que la autoridad deja su cómodo horario de trabajo. En el caso de los paraderos formales, estos tampoco se han determinado con un punto de vista técnico. Por ello la ausencia de un Plan Regulador de Rutas solo sirve para sustentar posiciones en un escenario caótico del que en realidad nadie quiere salir.

Otros aspectos como el decoro de los conductores y la prestancia de las unidades, se queda bajo el tapete. Si bien es cierto algunos comités han avanzado en la implementación de vestimentas distintivas como las camisas, eso no es suficiente.

El servicio que se brinda a los ciudadanos debe cumplir con condiciones integrales y eso también está contenido en las normas del transporte. No es posible que se tenga que viajar en vehículos sucios, asientos rotos o que sus accesorios no operen adecuadamente para comodidad del pasajero. Debe quedar atrás el tener que soportar conductores groseros, o desconsiderados con el usuario; que ponen la música, que les gusta, a excesivo volumen, convirtiendo el traslado en una tortura para el pasajero. Hay infractores que mientras conducen, hablan por celular, a la vez. No se excluya a ninguno de los grupos, en los formales e informales ocurre lo mismo.

Finalmente, siempre se ha dicho que la competencia es buena. Cuanto mayor oferta haya, el servicio tenderá a mejorar. Mucho cuidado y análisis a las autoridades que tienen en sus manos enfrentar el momento de ordenar el transporte.

El último ejemplo que penosamente no ha dado los resultados esperados es el de la apertura a inscripción para permisos de ruta a las minivan en el ámbito regional. Cuando los transportistas de esas unidades peleaban una ordenanza regional que les permita el ingreso formal a más empresas para cubrir el servicio en el ámbito de la región, el transporte de ese sector ya era caótico. Ellos reclamaron por el derecho al trabajo e incidían en la mejora de las condiciones para el usuario con la promesa de una competencia sana. Ello no ha ocurrido. Hoy en los terminales, la situación no es mejor que antes. Por el contrario, ha empeorado.

Hoy el usuario debe rogar que le toque viajar en una van de 11 pasajeros para poder transportarse, por ejemplo, de Pacasmayo a Trujillo. Las de 20 pasajeros ya están aquí y como no hay horario de salidas, debe esperar a que se llene, para garantizar la ganancia del conductor y la empresa, pero para perjuicio de los usuarios. Los turnos se convierten en una pelea a muerte. El pasajero es jaloneado de un lado a otro. Debe soportar los gritos altisonantes de conductores y llenadores.

Además, el costo del pasaje es un misterio. Hoy puede estar en 10 soles, 12, o 15, si así dicta la “demanda” que sólo los comités de van manipulan. Y se llega al extremo de que en fechas de alta demanda cobran hasta 20 o 30 soles.

Es por ello que debe hacerse un diagnóstico técnico real del servicio como tal, ver cómo se está prestando en la actualidad. Ese puede ser un buen punto de partida inicial para atacar la enfermedad. Ver y reconocer las deficiencias en cada uno de los actores: las empresas que prestan el servicio y el desempeño de la autoridad municipal. Basta colocarse en los zapatos del usuario para ver que hay mucho trabajo por hacer para ver en nuestras ciudades un servicio de transporte de pasajeros de una categoría que nos enorgullezca.

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