Presupuesto Participativo y Ciudadanía


Los procesos de convocatoria, elaboración y validación de los presupuestos participativos para el año fiscal 2020 son una nueva oportunidad para que las gestiones municipales en funciones desde el 1 de enero 2019 demuestren su capacidad y rescaten una valiosa herramienta que prácticamente ha sido petardeada desde dentro de las propias municipalidades.

Si alguno de los actuales alcaldes (o regidores) se hubiera desempeñado como activo ciudadano y representante de una organización que busca fondos -casi mendigando- para resolver problemas de su barrio, y que afectan la seguridad, la salud, la educación, la propia institucionalidad, sabría lo que es participar en los famosos presupuestos participativos, por estos lares del Perú.

Los presupuestos participativos se han convertido en la oportunidad para los consultores externos que prestan sus variados servicios a las municipalidades; pero son una decepción para el ciudadano que ha participado o ha sido parte de ese proceso. Las causas son variadas y tienen que ver directamente con la responsabilidad que les corresponde asumir a los gobernantes.

Un primer problema es que los presupuestos son modestos y las necesidades suelen ser enormes. Otro problema, que también es responsabilidad de los gobernantes, es que no cumplen con ejecutar los acuerdos del presupuesto participativo. Otro problema, compartido probablemente, es que los miembros del Consejo de Coordinación Local y del Comité de Vigilancia, prácticamente solo figuran cuando son elegidos y luego su actividad se anula. Otra vez, esto termina siendo responsabilidad de los gobernantes por la falta de apoyo y promoción de estos órganos, pero también de los ciudadanos.

Los presupuestos participativos son experiencias que resultan básicas en sociedades democráticas, que buscan la participación y el control ciudadano, y el impulso de valores como la solidaridad, el respeto, el trabajo conjunto para conseguir el bien común, porque se apoyan en el capital social de sus localidades. Sin embargo en nuestras localidades se ha hecho común que las convocatorias solo sean para cumplir plazos, con cronogramas apretados, sin tiempos apropiados, con lo que los ciudadanos ni siquiera pueden participar. Es más, están tan fuera de tiempo que los procesos se convocan sin posibilidad de seguir un orden lógico entre los procesos a nivel distrital, provincial y regional.

Los procesos de presupuesto participativo han perdido credibilidad, debido a la forma en que han sido conducidos año tras año, por diferentes gobiernos municipales. Por ello la responsabilidad que tienen los actuales es enorme para recuperar la participación, que debe ser lo más abierta posible, facilitando la mayor presencia posible de agentes participantes. Lo siguiente será transparentar la administración económica y asignar techos presupuestales realistas y justos. Pero si los gobiernos no funcionan, corresponde a los ciudadanos exigir, para ello se tiene a la mano decenas de leyes, decretos e instructivos. Es hora.

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