Educar en Igualdad de Derechos



Son 55 las mujeres asesinadas entre enero y abril de este año, en Perú. En el año 2018 fueron asesinadas 149 mujeres. Las mujeres, en países como el nuestro, son asesinadas mediante las más crueles formas. Les echan combustible y les prenden fuego; les disparan a quemarropa, las apedrean, las descuartizan. No importa la edad que tengan, las víctimas pueden ser bebés, niñas, o adolescentes.

El feminicidio es el extremo de una violencia que lamentablemente se ha hecho habitual en Perú. La violencia pasa además por agresiones psicológicas y físicas, son víctimas de acoso y de violación sexual, son víctimas de discriminación, son maltratadas solo por su condición de mujer, por considerarlas inferiores a los hombres.

Esta injusticia contra las mujeres ocurre en los propios hogares, en las escuelas, en los centros de educación superior, en los centros laborales. Lamentablemente no hay espacio seguro para las mujeres y ello ocurre porque mujeres y hombres son educados con privilegios para ellos, reforzando una cultura machista que termina siendo el caldo de cultivo de horrendos crímenes.

Los homicidas de las mujeres son en su mayoría ex parejas o las propias parejas de las víctimas, y no están locos, ni enfermos. Se trata de sujetos que han crecido en una cultura machista que les ha hecho creerse dueños de la vida y el cuerpo de las mujeres, con poder para decidir por ellas y sobre ellas. No solamente son los hombres creyendo esto, son también las mujeres que, por la educación que reciben, se consideran inferiores.

La violencia que sufre la mujer es producto de la cultura que menosprecia a las mujeres, que ha hecho natural el machismo, lo promueve, lo celebra, y lo justifica. Cambiar esto solo será posible con el concurso de todos los peruanos. Por ello es responsabilidad del Estado tomar en cuenta este problema que afecta directamente a la mitad de la población del Perú, y daña a todos en general. Es obligación del Estado garantizar que se cumplan los derechos de hombres y mujeres, y que se garantice la igualdad de oportunidades.

El Estado está obligado a prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer. Y por eso la violencia y los feminicidios tienen que ser enfrentados no solo con graves penas de cárcel. Es necesario también transformar la cultura que normaliza el maltrato de las mujeres; y que se construye con pensamientos, prácticas, frases y comportamientos que impregnan la vida diaria. No basta que el Estado legisle; debe intervenir en la prevención y ello implica mejorar la educación de adultos y niños. No son solo los niños que deben ser educados bajo los principios de la igualdad de derechos, sino también los adultos.

Es necesario sí vigilar lo que hace el Estado en la educación, y es necesario advertir si se encuentran errores, pero no se puede impedir una educación basada en la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres. Las diferencias entre hombres y mujeres no pueden seguir siendo una justificación para dar más oportunidades a los varones, y anular los derechos de las mujeres. Sin embargo, los argumentos de la mayoría de congresistas, expresados en la interpelación a la ministra de Educación, Flor Pablo, solo buscan aprovecharse de los naturales temores y de la propia desinformación de los padres de familia. Los congresistas están esperando sacar provecho político, pero no están argumentando en defensa de la vida de las mujeres. La educación tiene que ser transformada y no se puede permitir retrocesos. Mejorarla, sí; perfeccionarla, sí; no retroceder en lo poco avanzado.

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