Sin Vehículos Policiales


Mientras la delincuencia sigue incrementándose y extiende nuevas modalidades de ataque como el asalto a restaurantes tal como es ya frecuente en Lima; en nuestras provincias las fuerzas policiales siguen padeciendo problemas y carencias, y ello ocurre pese a la inyección de presupuestos que se destinan a incrementar el equipo móvil policial.

No puede dejar de reconocerse que los últimos gobiernos han mejorado la implementación de las comisarías con más y mejores unidades vehiculares. Estos beneficios, mayormente, y como siempre han favorecido a Lima y algunas de las principales grades ciudades, en especial aquellas donde los delincuentes se han instalado sembrando inseguridad, además de terror porque los asesinatos y los asaltos son más crueles y despiadados. La vida de sus víctimas no importan a los hampones. Por eso, la población exige penas más severas, incluidas la pena de muerte.

La semana pasada se ha reportado el asalto a dos restaurantes: uno en el centro poblado de Talambo (Chepén); y otro en el de San Martín de Porres (San José). No se descarta que haya ocurrido hechos similares en otras ciudades, pues la ola delictiva se extiende peligrosa y alarmantemente en nuestras provincias.

La Policía en esos dos populosos lugares tiene poca capacidad de respuesta debido a un escaso número de efectivos policiales en sus jurisdicciones y la carencia de unidades motorizadas para movilizarse. En cuanto a San Martín de Porres, pese a su importancia por su ubicación en la carretera Panamericana y su crecimiento comercial, no tiene una comisaría. Sus casos son atendidos por la comisaría del distrito de San José donde a pesar de tener una amplia jurisdicción, carece de un patrullero. Los policías se ven obligados a pedir el préstamo de un vehículo cuando deben realizar una intervención, como trasladar a un detenido, o movilizar el cuerpo de un fallecido producto de algún accidente.

Lo propio puede decirse de Talambo, Pacanguilla, Ciudad de Dios y los mismos ocho distritos que conforman nuestras provincias. Si bien en algunos se cuenta con camionetas estas son insuficientes o no se hallan en buenas condiciones. Si sufren desperfectos terminan arrumadas en los talleres a la espera de que se remita dinero para repararlas. Caso contrario quedan a la buena de Dios a espera de que el comité cívico de apoyo pueda reunir fondos para la reparación. Esa es la realidad de nuestra Policía en provincias.

De ese modo, los delincuentes tienen una amplia ventaja para operar con impunidad, pues hasta los cuerpos municipales de Seguridad Ciudadana sufren carencias.

Es menester despertar. Autoridades y dirigentes de la sociedad civil deben establecer puentes comunicantes, intercambiar opiniones y buscar mecanismos de participación en acciones efectivas de lucha contra el hampa. Pero se requiere de un punto de partida clave. Tener autoridades en todos los sectores que sean de la confianza de sus vecinos por sus conductas libres de sospecha de corrupción. E iniciar las gestiones para superar estas carencias.

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